El segundo mandato de Donald Trump ha estado marcado por una constante burla a sus votantes más fieles. A pesar de prometer una Norteamérica centrada en la economía interna, ha terminado involucrándose en conflictos internacionales que no sabe resolver satisfactoriamente. Su carácter narcisista y volátil ha llevado a la destitución de varias mujeres en su cúpula, como Pam Bondi y Kristi Noem.
La relación con líderes internacionales
Trump se muestra sumiso ante líderes como Vladímir Putin y Benjamin Netanyahu, suspendiendo su habitual matraca de negociador inmobiliario. Esta relación ha generado dudas sobre sus prioridades y motivaciones. Mientras tanto, su política en el Golfo Pérsico y Venezuela ha demostrado que los intereses económicos tienen prioridad sobre las razones democráticas.
El enriquecimiento del emporio familiar
El enriquecimiento del emporio familiar de Trump florece con acuerdos y oportunidades de negocio allá donde riega la agenda presidencial. La sospecha de que los vaivenes en Bolsa provocados por sus desafueros están haciendo llover millones de dólares en forma de apuestas con información privilegiada ha generado críticas. El economista Paul Krugman ha llegado a llamar traición a estas acciones de especulación interesada.
El negocio de la guerra
La estrategia de rearmar al mundo ha permitido a las grandes empresas del sector obtener cifras astronómicas. El presidente Trump es un chollo para esta industria, que apuesta por la agresión y la guerra. La brutal desviación presupuestaria apunta a que la próxima década será la del mercado de las armas, una mala noticia para las esperanzas de los jóvenes del mundo.





