En el corazón del sudeste asiático, Filipinas se enfrenta a los estragos del cambio climático. El país es uno de los más vulnerables del planeta a los desastres naturales. Los campesinos filipinos están desarrollando soluciones innovadoras para proteger sus cultivos y comunidades.
Hace dos años, una severa sequía causada por El Niño devastó la isla de Negros, en el centro de Filipinas. La plantación de café de Teddy Cañete resultó ser una de las pocas que sufrió daños mínimos. 'De 15.000 árboles, solo se me secaron unos 1.200', afirma con orgullo.
La resiliencia de los campesinos filipinos
Los campesinos filipinos están encontrando formas creativas de minimizar el impacto de los tifones, sequías e inundaciones. Cañete se unió a la Coalición de Café de Slow Food en 2020 y decidió rodear su plantación con árboles de bambú y mango indios. 'Plantar otras especies para que el propio ecosistema proteja los cultivos', resume.
Los árboles de bambú frenan el viento, mientras que los árboles de mango indios proporcionan sombra y protegen los cultivos del sol intenso. Ambas especies sirven como escudo ante la fuerza de los tifones que azotan el archipiélago.
El desafío climático en Filipinas
Según el Informe Mundial de Riesgos, Filipinas es el país más expuesto del planeta a los desastres naturales. En el Índice de Riesgo Climático, Filipinas ocupa el séptimo lugar. El país enfrenta una elevada fragilidad económica, con salarios de poco más de un euro la hora.





