Lead: El 8 de abril de 2026, el nefrólogo Borja Quiroga desmintió en un video de Instagram que la creatina destruye los riñones, calificándolo de "falso y muy falso". Su intervención buscó aclarar conceptos erróneos sobre suplementos, hidratación y factores de riesgo renal.
Mitos sobre la creatina y la salud renal desmentidos por el nefrólogo Borja Quiroga
Borja Quiroga, especialista en nefrología del Hospital Universitario de la Princesa, abordó en su publicación de Instagram la creencia popular de que la creatina dañaba el riñón. Con tono firme, explicó que la afirmación carece de base científica y que la creatina es segura tanto para personas sanas como para pacientes con enfermedad renal o en terapia renal sustitutiva. "La creatina no destruye el riñón; eso es falso y muy falso", sostuvo el experto, reforzando la necesidad de información basada en evidencia.
Creatina: evidencia científica y seguridad en personas sin enfermedad renal
La creatina y la creatinina son moléculas distintas: la primera se emplea como suplemento energético, mientras que la segunda es un producto de degradación muscular utilizado como marcador de filtrado glomerular. Estudios controlados han demostrado que dosis de hasta 5 g/día no alteran la función renal en adultos sanos, y que la creatinina sérica sigue siendo un indicador fiable del GFR cuando se complementa con análisis de proteinuria. Quiroga subrayó que la creatina es segura para pacientes con enfermedad renal crónica y para quienes reciben diálisis, siempre bajo supervisión médica.
Obesidad y su impacto endocrino en la función renal
Según el nefrólogo, la grasa corporal libera hormonas y citocinas que incrementan la presión intraglomerular y favorecen procesos inflamatorios. En población obesa, la prevalencia de enfermedad renal crónica (ERC) supera el 30 %, frente al 10 % de la población general. Los mecanismos incluyen hiperfiltración compensatoria, aumento de la actividad del sistema renina‑angiotensina‑aldosterona y resistencia a la insulina, factores que aceleran la lesión renal. "La obesidad afecta mucho a mis riñones. La grasa genera señales endocrinas que hacen que el riñón se lesione de manera más habitual que en personas sanas", explicó Quiroga.
Suplementos proteicos: límites seguros y recomendaciones para pacientes renales
En personas sin enfermedad renal, la ingesta de proteína puede elevarse hasta 2‑2,5 g/kg/día sin riesgo de daño renal, siempre que se mantenga una hidratación adecuada y se monitoricen los exámenes de orina. En contraste, para pacientes con ERC se aconseja limitar la proteína a ≈1 g/kg/día para evitar una sobrecarga de nitrógeno que pueda acelerar la progresión de la enfermedad. El control de la proteinuria y la presencia de células en la orina son indicadores críticos para ajustar la dieta proteica.
Hidratación mínima: el papel del consumo de agua en la prevención del daño renal
Quiroga enfatizó que beber al menos 1,5 L de agua al día permite al riñón concentrar la orina y prevenir la deshidratación tubular. Estudios epidemiológicos relacionan una ingesta hídrica inferior a 1 L/día con un aumento del 23 % en la incidencia de ERC, mientras que una hidratación adecuada reduce la aparición de cálculos renales y protege la función tubular. "Si bebemos menos de litro y medio de agua, el riñón se puede deshidratar y podemos sufrir mucho", advirtió.
Detección precoz y manejo de la enfermedad renal crónica: posibilidades y limitaciones
La detección temprana, mediante análisis de creatinina sérica, proteinuria y sedimento urinario, permite iniciar tratamientos que retrasan la progresión de la ERC. Intervenciones clave incluyen control estricto de la presión arterial (<130/80 mmHg), dietas bajas en sodio y proteínas según el estadio renal, y el uso de inhibidores de SGLT2, que han demostrado reducir la pérdida de función renal en un 30‑40 % en ensayos clínicos. Sin embargo, la detección precoz no garantiza la evitación de la diálisis; en algunos casos la enfermedad avanza a pesar de la terapia óptima.
Otros aspectos relevantes
Suplementación de creatina: dosis habituales de 3‑5 g/día, sin efectos adversos renales reportados en ensayos de hasta 2 años.
Obesidad y ERC: la pérdida de peso del 5‑10 % reduce la proteinuria en un 15‑20 % y mejora la tasa de filtrado glomerular.
Hidratación: la ingesta de 2 L/día en climas cálidos o durante ejercicio intenso es recomendable para mantener la osmolaridad plasmática.
Para profundizar en la relación entre obesidad y genética, consulte nuestro artículo sobre variantes genéticas GLP‑1 que potencian la pérdida de peso en la obesidad. Asimismo, la investigación sobre el impacto del optimismo en la salud muestra que una actitud positiva puede reducir un 15 % el riesgo de demencia, un hallazgo que refuerza la importancia de la salud mental en la prevención de enfermedades crónicas.
Este artículo refleja la línea editorial de Noticias de Última Hora, ofreciendo información basada en la evidencia disponible y en la experiencia del nefrólogo Borja Quiroga.