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Irán emerge de los ataques israelíes y estadounidenses con su capacidad militar intacta y en posesión de un activo estratégico sin precedentes: el control efectivo del estrecho de Ormuz. Aunque el anuncio de un cese temporal de hostilidades gestionado por Pakistán abre la posibilidad de negociaciones, Teherán llega a la mesa con fortalezas que no tenía hace meses.
Los detalles que importan
A pesar de los bombardeos recibidos, incluyendo municiones estadounidenses de penetración profunda como las GBU 57-B, Irán mantiene operativo su programa nuclear. El régimen conserva aproximadamente 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido acumulados en los últimos años, según estimaciones disponibles.
Su arsenal de misiles y drones sigue siendo funcional y en cantidad suficiente para golpear objetivos en Israel, bases estadounidenses en la región y territorio de países vecinos árabes. Internamente, el régimen mantiene la capacidad para controlar su población.
Pero el cambio más significativo es el control sobre el estrecho de Ormuz. Antes del 28 de febrero, aproximadamente 120 buques diarios transitaban libremente por esta ruta crítica. Hoy apenas llegan a una decena, y todos requieren permiso explícito de Teherán. El régimen está en posición de exigir peajes que alcanzarían los dos millones de dólares por embarcación.
Por qué esto cambia el juego
Para un régimen que sabe que es militarmente inferior a sus enemigos en términos convencionales, este control representa su mejor herramienta de negociación. No necesita cerrar completamente el paso ni hundir todos los barcos que se atrevan a desafiarlo. Le basta con demostrar que puede hacerlo.
Desde la costa iraní, que dista menos de 100 kilómetros del estrecho en sus puntos más cercanos, Teherán dispone de múltiples medios para perturbar el tráfico: artillería costera, drones aéreos y submarinos, cohetes, misiles, lanchas rápidas y minas. La amenaza de hundir selectivamente algunos buques generaría pánico entre armadores y aseguradoras internacionales, con impacto global inmediato.
Esta capacidad de daño económico mundial se ha convertido en la mejor baza de Irán para una negociación que se adivina larga. Los gobernantes de Teherán saben que no pueden derrotar militarmente a sus enemigos, pero también conocen que necesitan obtener concesiones significativas. El control del estrecho es su moneda de cambio.
Lo que viene
Es poco probable que Irán renuncie a esta ventaja en las fases iniciales de cualquier negociación. El régimen mantiene intactos sus elementos de poder estratégico y, por primera vez, posee un activo que afecta directamente a los intereses económicos globales, no solo a los de la región. Eso le otorga un peso en la mesa de negociaciones que no había tenido antes, independientemente de cuál sea su situación militar convencional.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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