Los comicios que definen el futuro del iliberalismo europeo

Hungría vota este domingo en unos comicios que trascienden las fronteras del país. Viktor Orbán, primer ministro durante cuatro mandatos consecutivos y el dirigente con más años en el cargo de toda la Unión Europea, se enfrenta a una prueba decisiva para su modelo nacionalpopulista. Pero su éxito o derrota importa más allá de Budapest.

Orbán se ha convertido en un pionero y referente indiscutible para los movimientos iliberales de todo el mundo. Su sistema político, construido durante 16 años, funciona como un manual para líderes que buscan perpetuarse en el poder sin abandonar formalmente la democracia. Hungría es hoy el laboratorio donde se experimenta cómo "autocratizar un país dentro de la UE", según explican analistas del German Marshall Fund.

Un modelo que exporta doctrina política

Desde Budapest, Orbán no solo predica: actúa. Ha creado think tanks, redes de influencia y organismos de financiación pública que proyectan su visión ideológica hacia el exterior. Su partido, Fidesz, controla supermayorías parlamentarias que le permiten reformar leyes electorales, capturar instituciones que deberían ser independientes, dominar los medios de comunicación e intervenir en la justicia.

El rector de la Universidad Centroeuropea, Carsten Q. Schneider, lo resume así: Orbán ha dedicado recursos públicos masivos a posicionarse como el emblema internacional del iliberalismo. Para ello ha expulsado universidades críticas y ha invertido en construir lo que el filósofo Antonio Gramsci llamaba *hegemonía cultural. El objetivo es reescribir el pasado y construir un sistema que perdure más allá de él.