Los acusados en el caso Kitchen han pasado las dos primeras sesiones del juicio compartiendo no solo el banquillo, sino también café en el restaurante San Blas, el más cercano a la sede de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares. Entre ellos figuran antiguos compañeros del Cuerpo Nacional de Policía que en el pasado fueron enemigos declarados, ahora sentados en el mismo foro judicial por presuntos delitos de espionaje político.
Lo más llamativo ha sido ver juntos al comisario jubilado José Manuel Villarejo y al comisario principal Marcelino Martín-Blas, quienes protagonizaron la llamada "guerra de comisarios" hace años. Durante los recesos, Villarejo incluso ayudó a ponerse la toga al abogado que defiende a Martín-Blas, Antonio Alberca. Martín-Blas, por su parte, departió con su antiguo jefe, el ex director adjunto operativo Eugenio Pino.
Magistrada Teresa Palacios durante una sesión del juicio de Kitchen en la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares
La magistrada Teresa Palacios ha tenido que resolver varias peticiones durante las primeras jornadas. La más polémica fue la del abogado Alberca, quien reclamó que su cliente pudiera seguir el juicio sentado junto a él, en lugar de en el banquillo, por "igualdad de armas" respecto a Villarejo. Villarejo, licenciado en Derecho y colegiado como abogado en Madrid, no se sienta en el banquillo sino que permanece en la sala como letrado.
Palacios aceptó la petición con reservas. "En esta sala no veríamos inconveniente, pero cuando vayamos a la otra sede, en Génova, allí lo vemos inviable por la propia distribución", explicó la magistrada. Bromeó sobre el espacio: "ahí hay que entrar de canto". Finalmente, prometió "hacer lo posible para que puedan estar cerca de ellos".
Los acusados piden no asistir a todas las sesiones
Varias defensas han solicitado dispensa para no acudir a algunas sesiones del juicio. El ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz pidió ausentarse por vivir en Barcelona. Su número dos, Francisco Martínez, alegó motivos laborales. Villarejo también reclamó poder faltar a algunas sesiones, justificándose en problemas de salud y dolores de espalda.
La magistrada Palacios no ocultó su desagrado ante estas peticiones. Lamentó que en muchos juicios acaben asistiendo a la vista oral solo los magistrados y los abogados de los procesados, sin la presencia de los acusados. Su crítica refleja la tensión entre los derechos de los procesados y el principio de que la justicia debe ser pública y presenciada por quienes están en el banquillo.
Un juicio reordenado
El juicio del caso Kitchen ha sufrido varios cambios en su estructura. Mientras tanto, en el Tribunal Supremo continúa el juicio contra el ex ministro socialista José Luis Ábalos y su asesor Koldo García, en un proceso paralelo que también toca asuntos de corrupción política.
Las próximas sesiones determinarán si la magistrada mantiene su postura sobre la asistencia obligatoria de los acusados y si resuelve las tensiones logísticas que ya ha identificado entre las diferentes sedes judiciales donde se celebrará el juicio.