El 28 de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque coordinado contra instalaciones estratégicas en Irán que acabó con la vida del líder supremo Ali Jamenei. La operación, ejecutada con misiles de largo alcance y ataques aéreos, alcanzó la capital y bases militares en el interior del país. La muerte de Jamenei provocó una inmediata declaración de estado de guerra por parte de Teherán.

Guerra en Irán

El bombardeo destruyó la sede del Consejo de Guardias Revolucionarias y varios centros de comando en Teherán, dejando cientos de muertos y heridos. Las fuerzas iraníes reportaron la destrucción de más de 30 aviones y la pérdida de infraestructura crítica de comunicaciones. Tras el ataque, Irán movilizó a sus milicias en Líbano y Siria, advirtiendo que responderá con fuerza desproporcionada.

Respuesta iraní

En respuesta, Irán lanzó una ola de misiles balísticos contra bases estadounidenses en Jordania, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, alcanzando al menos 12 objetivos. Simultáneamente, atacó las refinerías de Manifa y Jurais en Arabia Saudí, reduciendo la producción del reino en 600.000 barriles diarios. Kuwait emitió una condena enérgica, calificando los ataques como violaciones del derecho internacional y exigiendo el cese inmediato.

Contexto geopolítico