bruxismo
Ana Anglada Pena, directora de la clínica A Sonreír, afirma que el bruxismo ha dejado de ser una anomalía aislada para convertirse en una patología propia de la vida acelerada. Según la especialista, el apretamiento o rechinamiento inconsciente de los dientes refleja la presión constante que ejerce la sociedad actual. El fenómeno se observa con mayor frecuencia en adultos que combinan jornadas laborales extensas con obligaciones familiares.
A corto plazo, el bruxismo genera tensión muscular en la mandíbula, el cuello y la espalda, provocando dolor y rigidez. Si el hábito persiste, la erosión del esmalte dental y la aparición de microfracturas pueden desembocar en infecciones y pérdida de piezas dentales. "A largo plazo vemos problemas serios musculares y, a nivel bucal, erosiones y fracturas de dientes", advierte Anglada.
El vínculo entre estrés y bruxismo no es nuevo, pero la intensidad del ritmo vital actual lo ha potenciado. Estudios recientes relacionan la ansiedad crónica con la activación del sistema nervioso simpático, lo que favorece la contracción involuntaria de los músculos mastigatorios. En este contexto, la soledad y el agotamiento emocional también juegan un papel, como señala una investigación sobre la memoria de los mayores que destaca el impacto del aislamiento en la salud mental (Soledad afecta la memoria de los mayores, pero no acelera su deterioro)).





