Un funeral festivo recorre la calle del Ángel
El 16 de abril de 2026 cientos de madrileños marcharon desde la Plaza del Ángel hasta la calle Santa Catalina, recorriendo 350‑400 metros en más de una hora. El cortejo, acompañado de saxos, trompetas y guitarras, se convirtió en una despedida alegre que celebró la mudanza del Café Central a su nuevo hogar dentro del Ateneo.
Motivos del traslado: especulación inmobiliaria y apuesta por la continuidad cultural
El propietario del edificio original rechazó renovar el alquiler, señalando una clara especulación inmobiliaria. Ante la incertidumbre, los gestores del Central negociaron con el Ateneo de Madrid, que aceptó acoger la programación del club. El acuerdo asegura que el espacio siga ofreciendo dos conciertos por noche, evitando que desaparezca como otros míticos locales.
Café Central, pilar del jazz madrileño desde 1982
Fundado en 1982, el Café Central se convirtió en uno de los últimos templos del jazz en la capital. Durante 44 años albergó a generaciones de músicos y público, con una agenda constante de conciertos nocturnos que consolidó su reputación como epicentro cultural. Su historia está recogida en la obra *Café Central. Una historia del jazz, coordinada por Juantxu Bohigues, empleado de larga data.
Qué esperar del Café Central Ateneo: programación y futuro próximo
A partir del mismo día, el Café Central Ateneo abre sus puertas en Calle Santa Catalina 10. La agenda mantiene los dos conciertos diarios, con artistas como Miguel Malla y el grupo Racalmuto encabezando la primera noche. La nueva ubicación, aunque distinta, preserva la atmósfera íntima que caracteriza al club, consolidándose como refugio del jazz en Madrid.
Perspectivas y resonancia cultural
El traslado muestra cómo la ciudad puede proteger sus espacios culturales frente a la presión del mercado inmobiliario. Al integrarse al Ateneo, el Central no solo sobrevive, sino que gana un aliado institucional que garantiza su legado. Como afirmó el responsable del Central, "no es un final, sino un tránsito", y la comunidad parece haber aceptado la transformación con entusiasmo.
Para quien busca seguir disfrutando del jazz madrileño, el mensaje es claro: el Central sigue vivo, ahora a pocos pasos de su antigua casa, y su música continuará resonando en las calles de la capital. Más información sobre iniciativas culturales similares puede leerse en Los Gabrieles vuelve a abrir sus puertas: la taberna más bonita de Madrid renace y en el informe sobre la mudanza del Central en Café Central se traslada tras 43 años: el jazz madrileño cambia de escenario.
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Crítico Cultural
Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.
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