Testimonio: fingir ser feliz tras el maltrato

Yinela Cheribin, de Málaga, relata que tras años de golpes y humillaciones intentó suicidarse dos veces. "Yo sonreía mientras la ambulancia me llevaba al hospital; nadie vio la herida que llevaba dentro" escribe, recordando la fría espera en urgencias y la psiquiatra que le recomendó buscar ayuda sin acompañamiento. Su relato muestra que la violencia de género no solo deja marcas físicas, sino que obliga a ocultar el dolor bajo una sonrisa para ser aceptada.

La presión social por la felicidad y su daño mental

La psicóloga Fátima López Moreira advierte que la exigencia de aparentar felicidad está vinculada al aumento de ansiedad, estrés y depresión. "Es como si estuviera prohibido sufrir; quien muestra crisis es juzgado y empujado a esconderse" afirma. Por su parte, Andrea Manjarrés explica que reprimir emociones eleva el cortisol durante hasta seis horas, lo que, acumulado, favorece problemas físicos crónicos. Ambas expertas coinciden en que la llamada "positividad tóxica" confunde resiliencia con negación, impidiendo que la gente procese la tristeza o la rabia.

Medidas para mitigar el impacto de fingir felicidad

La OMS reconoce la terapia comunitaria integrativa, originada en Brasil, como herramienta eficaz para crear círculos de escucha y apoyo mutuo. Se propone ampliar estos espacios en centros de salud y asociaciones vecinales, combinándolos con campañas de sensibilización que rompan el tabú de la vulnerabilidad emocional. Iniciativas como la descrita en demuestran que la visibilización del sufrimiento es clave para cambiar actitudes sociales.