Niños que mienten: la nueva evidencia científica

En noviembre de 2025 la revista Springer Nature publicó una investigación que demuestra que la mentira es un marcador de maduración cerebral, no una conducta patológica. El estudio, liderado por neurocientíficos de la Universidad de Barcelona, analizó a más de mil participantes y vinculó la aparición de mentiras a la activación de la corteza prefrontal.

Cómo y por qué aparecen las mentiras en la infancia

A los 2 años, el 20 % de los niños ya miente de forma regular; a los 4 años, la cifra asciende al 90 %. Este salto se explica porque la capacidad de mentir requiere la teoría de la mente y el control ejecutivo, funciones que se consolidan en la corteza prefrontal. El pico de mentiras se sitúa alrededor de los 12 años, y en la adolescencia el promedio es de 2,8 mentiras diarias. Los expertos, como la psiquiatra infantil Belén Gutiérrez, aconsejan que los padres comprendan la función relacional de la mentira y eviten castigos que refuercen el engaño.

Qué implica para familias y educación

Si se entiende la mentira como una estrategia de supervivencia relacional, los hogares pueden crear espacios donde la verdad se exprese sin temor. La investigación sugiere que entornos que penalizan la expresión emocional fomentan el engaño como mecanismo de defensa. En cambio, responder a una mentira con tres mensajes claros –‑ que la conducta no es aceptable, que se busca entender la causa y que habrá una consecuencia –‑ preserva la confianza familiar.