Visita a China y cumbre en Barcelona

Esta semana Pedro Sánchez viajó a Pekín para sostener una reunión bilateral con Xi Jinping. Al mismo tiempo, el Gobierno español acogió en Barcelona la cumbre internacional progresista, que reunió a representantes de más de treinta países bajo la consigna de defensa de la democracia y el multilateralismo.

Incoherencias entre la postura china y el discurso de la cumbre

En la agenda china, Sánchez respaldó la propuesta de reequilibrar el poder en las instituciones internacionales, argumentando que el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial ya no refleja la realidad geopolítica. La iniciativa, sin respaldo interno ni acuerdo previo con la Unión Europea, se alineó con la narrativa oficial de Beijing sobre un nuevo equilibrio mundial.

En contraste, la cumbre de Barcelona proyectó un discurso liberal que condenó el autoritarismo y defendió los valores democráticos, aunque contó con la participación de gobiernos como el de México, cuyo historial de respeto a los estándares democráticos es cuestionado.

Repercusiones para la credibilidad de España en la UE

Esta disparidad genera una contradicción clara: por un lado, España promueve un reequilibrio que favorece a potencias que no comparten plenamente los valores defendidos en la cumbre, y por otro, presenta una imagen de compromiso con la democracia que resulta difícil de conciliar. La falta de consenso interno y la ausencia de una posición coordinada con los socios de la debilitan la influencia española en la política exterior común. Analistas advierten que la divergencia podría traducirse en tensiones durante la revisión de la Estrategia de Acción Exterior 2025‑2028.