Ghost Ranch, Nuevo México – 20 de abril de 2026 – Un fósil almacenado durante más de 70 años en el Museo Carnegie de Historia Natural ha sido declarado una nueva especie de cocodrilo prehistórico, Eosphorosuchus lacrimosa, con 200 millones de años de antigüedad.

Descubrimiento de la nueva especie

El ejemplar fue encontrado en 1948 en la zona fossilífera de Ghost Ranch, conocida por sus restos del Triásico tardío. Durante décadas se catalogó como Hesperosuchus agilis y quedó sin estudio profundo. Un equipo liderado por Àlex González revisó el material y, tras un análisis exhaustivo, confirmó que se trataba de una especie desconocida. El estudio, publicado en The Royal Society, describe a E. lacrimosa como un depredador con rasgos únicos dentro de los crocodiliformes.

Cómo la tecnología microCT reveló características únicas

El fósil estaba parcialmente incrustado en roca, lo que impedía su manipulación sin dañarlo. Los investigadores recurrieron a la tomografía computarizada de alta resolución (microCT), obteniendo miles de imágenes que permitieron reconstruir digitalmente el cráneo. El modelo tridimensional mostró un hocico corto y reforzado y una cresta mandibular que sugiere músculos de mordida mucho más desarrollados que en sus parientes. Los cálculos mecánicos confirmaron que la mandíbula podía soportar fuerzas superiores sin deformarse, indicando una mordida más potente.

Contexto paleontológico del hallazgo

Eosphorosuchus lacrimosa se sitúa en el Triásico tardío, un periodo clave en la diversificación de los primeros crocodiliformes. Su morfología sugiere una estrategia depredadora distinta a la de los cocodrilos de hocico largo de la época, ampliando la visión de cómo estos reptiles interactuaban con los dinosaurios emergentes. El hallazgo también demuestra que la diversidad de los pre‑cocodrilos era mayor de lo que se pensaba, con adaptaciones que incluían una mordida capaz de enfrentar presas más resistentes.

Réplica y futuro del estudio

Tras 50 años de trabajo, los paleontólogos completaron una réplica exacta del fósil, facilitando su exhibición sin riesgo de deterioro. El uso de microCT abre la puerta a revisitar otros especímenes almacenados que podrían esconder datos similares. Los investigadores planean aplicar la misma técnica a fósiles de la misma formación para mapear la variedad de depredadores que coexistían con los primeros dinosaurios.

Qué sigue

El reconocimiento de E. lacrimosa redefine parte del árbol evolutivo de los crocodiliformes y sugiere que los ecosistemas triásicos eran más complejos de lo estimado. Con la tecnología no invasiva ya demostrada, es probable que se descubran más especies ocultas en colecciones históricas, ofreciendo una visión más completa de la vida prehistórica.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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