Puente de Villanueva‑Rampalay: un hito medieval en Burgos
El Puente de Villanueva‑Rampalay ha sido fechado en el siglo XIII y se alza sobre el río Ebro, conectando la meseta con los valles del norte. Su construcción, realizada mayoritariamente en piedra de sillería, fue clave para abrir rutas comerciales que dinamizaron la economía de la provincia. Tradicionalmente se atribuye al cantero Ferrán Peláez, aunque las posteriores intervenciones del siglo XVII dejaron su impronta en la estructura.
Arquitectura gótica y técnicas constructivas del siglo XIII
El edificio mide 91 m de longitud y alcanza una altura máxima de 11 m. Sus cinco arcos principales combinan la elegancia gótica del arco central, de 17 m de luz, con arcos de medio punto decrecientes a ambos lados. Los dos arquillos de aligeramiento, típicos de la época, reducen el peso de la fábrica y permiten que el puente resista las crecidas del Ebro.
Los materiales incluyen sillares tallados, mampuesto y, en restauraciones recientes, hormigón de refuerzo. Esta mezcla ha garantizado la solidez del puente durante ocho siglos, pese a los intensos vaivenes climáticos y al tráfico pesado que lo cruzó en la Baja Edad Media.





