Chernóbil

El 26 de abril de 1986 el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, situada a 30 km de la ciudad homónima en Ucrania, sufrió una explosión seguida de un incendio que liberó una nube radiactiva sobre gran parte de Europa. La catástrofe provocó la evacuación de más de 115 000 personas y dejó 28 víctimas mortales directas; los efectos a largo plazo se estiman en cientos de casos de cáncer y otras enfermedades. La zona contaminada se convirtió en una zona de exclusión de 30 km de radio, todavía inhabitable.

Seguridad nuclear

Tras Chernóbil, los gobiernos y la industria nuclear revisaron todos los protocolos de diseño y operación. Se introdujeron sistemas de contención reforzados, se exigió la redundancia de los sistemas de apagado y se estableció la obligación de auditorías internacionales periódicas. El número de reactores en funcionamiento se mantuvo estable alrededor de 420‑422 desde 1990, evidenciando una pausa en la expansión que había sido vertiginosa en los años 70 y 80. La percepción pública del riesgo nuclear se endureció; la confianza se erosionó tanto como la de la población ante incidentes como la reciente fuga de metanol en Montmeló, que recordó la fragilidad de las instalaciones industriales.