El domingo, en el Estadio El Alcoraz, el Huesca derrotó 1‑0 al Zaragoza en un derbi que se tornó inolvidable por la violencia en los minutos finales.

Huesca‑Zaragoza

El único gol llegó al minuto 27, cuando Óscar Sielva cobró de penalti tras una falta dentro del área. El portero del Zaragoza, Esteban Andrada, no pudo evitar el disparo y el marcador se mantuvo sin cambios hasta el final. La victoria dejó al Huesca con tres puntos cruciales en la lucha por evitar el descenso, mientras que el Zaragoza vio empeorar su situación en la tabla.

Incidente

En el tiempo de descuento, Andrada recibió una segunda amarilla por protestar a la cara del árbitro y, sin perder la calma, empujó al capitán del Huesca, Jorge Pulido. "No toleraremos ese comportamiento", advirtió el árbitro antes de mostrarle la amonestación. En el instante siguiente, Andrada se lanzó contra Pulido y le propinó un puñetazo que le dejó un hematoma visible. La escena desató una tanga entre jugadores de ambos equipos. Tras la revisión del VAR, el árbitro también expulsó al portero del Huesca, Dani Jiménez, que había intentado intervenir en la pelea. El partido terminó con los dos guardametas bajo los palos.

Futuro

Los dos porteros afrontarán sanciones disciplinarias que podrían alargar su ausencia. La Federación Española de Fútbol ya ha anunciado que abrirá un expediente y que las penas podrían superar los cinco partidos. La expulsión de Andrada debilita al Zaragoza en los próximos encuentros, mientras que la falta de Jiménez deja al Huesca sin titular bajo palos hasta que encuentre un sustituto. Con la zona de descenso cada vez más estrecha, estos castigos podrían decidir la clasificación final de ambos equipos. La tensión se suma a la presión que ya vivieron clubes como el al intentar escalar posiciones, y recuerda que la disciplina en el campo es tan decisiva como cualquier gol.