Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Zaragoza y publicado en junio de 2026 confirma que quemar velas aromáticas o incienso en espacios cerrados genera partículas y gases nocivos que superan los niveles de la contaminación exterior.

Las velas de parafina liberan PM2,5, partículas ultrafinas, monóxido de carbono, formaldehído y una variedad de VOCs. La combustión es incompleta y, aunque la mecha solo transporta la cera, el combustible fósil produce un cóctel de contaminantes que se acumula rápidamente en interiores poco ventilados.

Vela aromática encendida sobre una mesa, mostrando la llama y la emisión de humo
Vela aromática encendida sobre una mesa, mostrando la llama y la emisión de humo

El incienso resulta aún más problemático: alrededor del 4,5 % de su masa se transforma en partículas respirables, una cifra cuatro veces mayor que la de un cigarrillo. Además de PM2,5, emite monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y numerosos compuestos orgánicos volátiles aromáticos.

Ambas fuentes generan aerosoles con alto potencial oxidativo. Las partículas del incienso presentan una capacidad oxidativa comparable o superior a la del tráfico urbano, mientras que las de las velas, aunque ligeramente menores, siguen superando los valores típicos de ambientes exteriores.

Este potencial oxidativo se traduce en estrés respiratorio y daño pulmonar, sobre todo en personas con asma o enfermedades cardiovasculares. La exposición continua aumenta el riesgo de inflamación crónica y reduce la función pulmonar, según advierten los autores del estudio.

Varilla de incienso encendida, con humo elevándose en un ambiente interior
Varilla de incienso encendida, con humo elevándose en un ambiente interior

En hogares con ventilación limitada, los niveles de PM2,5 y gases pueden alcanzar los de zonas urbanas con mala calidad del aire, equiparando la exposición doméstica a la de ciudades altamente contaminadas. La combinación de partículas finas y gases irritantes crea un ambiente interior potencialmente más tóxico que el exterior.

Para reducir la exposición, los expertos recomiendan ventilar los espacios durante y después de usar velas o incienso, limitar la duración de la combustión a no más de 30 minutos, y preferir velas de cera de abeja o soja sin fragancias sintéticas. En caso de usar incienso, escoger variedades sin aditivos y quemarlo en áreas bien aireadas minimiza el riesgo.

Si la práctica de quemar velas o incienso persiste, será necesario que los legisladores establezcan normas de emisión para productos domésticos, tal como ocurre con los aparatos de calefacción. Mientras tanto, la información del estudio permite a los consumidores tomar decisiones más saludables en su día a día.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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