Incidente en Singapur: joven francés enfrenta posible cárcel por chupar una pajita
Un estudiante francés de 18 años fue detenido en Singapur el pasado 12 de abril después de haber extraído una pajita de una máquina expendedora de zumo, haberla chupado y haber difundido el video en su cuenta de Instagram con el comentario "la ciudad no es segura". La empresa propietaria de la máquina, iJooz, sustituyó de inmediato las 500 pajitas del aparato y calificó el hecho como "extremadamente serio".
Detalles legales y sanciones previstas
El joven ha sido formalizado por daños a la propiedad y alteración del orden público. El primer cargo contempla una pena máxima de dos años de prisión; el segundo, hasta tres meses de cárcel y una multa que puede alcanzar los S$2,000, o ambas penas simultáneamente. La audiencia preliminar fijó el 22 de mayo como fecha para la sentencia.
Según el fiscal, la gravedad del delito radica en la intencionalidad de dañar un bien público y en la difusión del acto, que podría incitar a otros a replicarlo. Sin embargo, el abogado defensor ha señalado dos atenuantes: la edad del acusado y la ausencia de lesiones a personas o daños permanentes a la máquina. Además, se advierte que el visado del estudiante podría ser revocado si se dicta una condena.
Contexto de la normativa estricta en Singapur
Singapur es conocido por su política de cero tolerancia frente a conductas que perturben el orden social. La legislación penal incluye sanciones severas incluso para infracciones cotidianas. Por ejemplo, la importación y venta de chicle está prohibida desde 1992; lanzar un chicle al suelo puede acarrear una multa de hasta S$1,000. Fumar o vapear fuera de las zonas designadas también está penado con multas considerables.
Otras faltas habituales, como cruzar la calle en un paso prohibido, escupir en la vía pública o arrojar papel al suelo, conllevan multas que van de S$200 a S$500. En casos de vandalismo más grave, como pintar grafitis o pegar carteles en la vía pública, la ley contempla penas de cárcel que pueden superar los seis meses.
El caso del estudiante francés se inscribe en esta tradición de disciplina estricta. En 1994, el estadounidense Michael Fay fue condenado a canastras (vara de rattan) por vandalismo, una sanción que atrajo la atención internacional pero que el gobierno mantuvo como muestra del firme compromiso con el orden.
Qué puede pasar a continuación
La sentencia del 22 de mayo determinará si el joven cumplirá una pena de prisión, una multa o ambas. Independientemente del veredicto, el caso refuerza la advertencia de que ningún visitante, por su nacionalidad o estatus, está exento de la legislación singapuresa. Para los viajeros, la lección es clara: cualquier acción percibida como falta de respeto al orden público puede traducirse en consecuencias legales graves.
Este artículo se actualizará si se publican nuevos detalles sobre la sentencia.
Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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