Enemigos de lo ajeno cumple 40 años: el hito de El Último de la Fila

El segundo álbum de *El Último de la Fila, Enemigos de lo ajeno, se lanzó en mayo de 1986 y hoy celebra su 40.º aniversario. La conmemoración coincide con el inicio de la gira de reencuentro del dúo, que recorre las principales ciudades de España. La fecha marca un punto de referencia para la generación que vivió la transición cultural de los 80.

Cómo nació un disco alienígena con 1.200 euros

La grabación se realizó en una sola semana, bajo un presupuesto de 200.000 pesetas (≈1.200 €). Manolo García y Quimi Portet, asistidos por el productor Rafael Moll, asumieron la mayor parte de la producción, tocando la mayoría de los instrumentos. Sólo Ángel Celada aportó la batería en cuatro temas, José Luis Pérez una guitarra eléctrica en una canción y Marc Grau una guitarra española en otra.

El proceso creativo fue una auténtica cocina improvisada: "Siento que es un disco hecho pisando a fondo", recordó Portet años después. "No falta nada: está apretado. Es un disco interesante de gente interesante con una sensibilidad excitada". Cada canción se construyó a partir de ideas que surgían al instante, sin dejar espacio a la indecisión.

El resultado fueron 10 canciones sin fisuras. Entre ellas destacan *Lejos de las leyes de los hombres, mezcla de teclado moruno y sonido marciano; *Mi patria en mis zapatos, un himno de guitarras duras; *Aviones plateados, post‑punk con tintes de rumba; y *Insurrección, escrita en el lavabo del estudio y grabada en 12 segundos. Cada tema refleja la autosuficiencia y la química del dúo.

Impacto cultural y legado de un sonido inimitable

El álbum fusionó pachanga, underground y referencias internacionales, creando un sonido que nadie ha logrado replicar. En 1986 la revista Rockdelux lo nombró mejor elepé del año y destacó Insurrección como la mejor canción. Las ventas superaron los 60.000 ejemplares, una cifra notable para el sello independiente PDI.

Su carácter extraterrestre se refleja en la portada, donde un kanamita de The Twilight Zone aparece entre fotos de García y Portet. Esa imagen simboliza la ruptura con los moldes del pop español de la época y la apertura a influencias tan lejanas como los Talking Heads o la radio argelina.

A cuarenta años de su salida, el disco sigue siendo referencia obligada para músicos y críticos. Su capacidad para combinar lo local y lo global, lo festivo y lo introspectivo, lo convierte en un espejo de la España de los 80 y en una hoja de ruta para la experimentación pop. La gira de reencuentro ha reavivado el interés del público, que redescubre letras como Las palabras son cansancio o ¿Para qué sirve una hormiga?.

El legado de Enemigos de lo ajeno no se limita a la nostalgia; impulsa a nuevas generaciones a explorar la autosuficiencia creativa y a romper barreras estilísticas. Cada aniversario refuerza la idea de que la música puede ser arte, crítica y diversión al mismo tiempo.

Qué sigue

Con la gira en marcha, el dúo presenta el álbum a una audiencia que incluye tanto a los que lo vivieron como a jóvenes que lo descubren por primera vez. La celebración del 40.º aniversario abre la puerta a reediciones, archivos inéditos y posibles colaboraciones que podrían ampliar aún más su influencia. El futuro parece apuntar a que Enemigos de lo ajeno seguirá siendo un punto de referencia para la música española, recordándonos que la creatividad puede nacer con recursos limitados pero con una visión sin límites.

Pablo Hernández Gil
Pablo Hernández Gil

Crítico Cultural

Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.

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