En la costa central de Cataluña se han identificado hasta 30 embarcaciones abandonadas en una sola marina, una señal de que el abandono de barcos se está convirtiendo en una crisis para los puertos deportivos de la región.
Cataluña cuenta con cerca de 30.000 amarres, una de las mayores densidades del Mediterráneo, y la presencia de naves sin dueño está empezando a saturar la oferta.
Barcos abandonados amarrados en una marina catalana, mostrando su deterioro
Abandono de barcos en puertos deportivos catalanes: cifras y alcance
Según los datos recopilados por la Associació Catalana de Ports Esportius i Turístics, se detectan entre dos y siete barcos abandonados en la mayoría de los puertos, mientras que en la marina del Maresme se llegó a registrar 30.
Operarios trasladando una embarcación abandonada para su desguace en la costa de Cataluña
Los buques afectados son mayormente de recreo, de entre seis y diez metros, de pabellón español o francés, y dejan de pagar el amarre tan pronto como el propietario desaparece.
Causas y consecuencias del abandono
"Los propietarios suelen abandonar la nave por falta de recursos, envejecimiento sin sucesores o herederos que no asumen la responsabilidad", explica Raimon Roca, presidente de la ACPET.
Al dejar de pagar el amarre, la embarcación pierde mantenimiento; el salitre y las inclemencias degradan el casco, lo que genera riesgo de vertidos de combustible y aceite y de colapso estructural.
Cuando el casco se rompe, el barco puede perforar defensas de caucho, dañar muelles y colisionar con otras naves, creando vías de agua que pueden provocar hundimientos.
Los puertos deben realizar rondas de vigilancia; en Mataró, el gerente Carles Fillat señala que veinte embarcaciones presentan una línea de flotación comprometida.
Perspectivas y posibles soluciones
El proceso para autorizar el desguace de una nave abandonada puede tardar hasta dos años y supone un coste elevado, lo que desalienta a los ayuntamientos a iniciar los trámites.
La normativa actual exige varios informes y la obtención de licencias medioambientales, lo que encadena la burocracia y mantiene los barcos en el agua.
Algunas propuestas incluyen la creación de un censo oficial de amarres, la aplicación de multas automáticas por impago y la financiación pública de desguaces para reducir el tiempo de respuesta.
Si se implementan estas medidas, los puertos podrían liberar plazas valiosas y evitar daños ecológicos, mejorando la seguridad de la navegación recreativa.
Con la presión creciente de los usuarios y la amenaza ambiental, la solución al abandono de barcos pasa por simplificar los trámites y asumir los costes, una tarea que la Generalitat y los operadores portuarios deberán abordar con urgencia.