Ucrania y EE.UU. reanudan negociaciones trilaterales con Rusia
Rustem Umerov, principal negociador ucraniano, se reunió el jueves en Miami con altos funcionarios estadounidenses para intentar reactivar las conversaciones de paz con Rusia. La cita, organizada por la Casa Blanca, marcó el primer intento oficial de retomar el proceso desde que quedó en pausa a finales de febrero.
El presidente Volodímir Zelenski anunció en su cuenta de X que la reunión se centraría en la vía humanitaria y la revitalización del proceso diplomático, subrayando la urgencia de liberar prisioneros y abrir una nueva fase de diálogo.
Detalles de la reactivación: agenda, contexto y obstáculos
La agenda de la reunión incluyó tres ejes: la liberación de prisioneros, la creación de una zona de seguridad humanitaria y la búsqueda de un marco para congelar el conflicto en las líneas actuales del frente. Kiev propone mantener el statu quo territorial, mientras Moscú insiste en la devolución total de Donetsk, una exigencia que la delegación ucraniana calificó de inaceptable.
Las conversaciones se habían estancado cuando EE.UU. desvió su atención hacia la ofensiva contra Irán a finales de febrero. Esa decisión dejó a la diplomacia ucraniana sin el impulso necesario, y la venta reciente de kits de bombas de largo alcance por 373,6 millones de dólares a Kiev reavivó las tensiones, pues Moscú percibe el armamento como una señal de mayor compromiso militar de Washington.
A pesar de la presión de la administración estadounidense, que desde el regreso de Donald Trump al poder ha instado a ambas partes a negociar, la falta de concesiones mutuas ha impedido avances sustanciales. Rusia mantiene su postura de que cualquier acuerdo debe incluir la totalidad de Donetsk, mientras Ucrania rechaza cualquier compromiso que implique ceder territorio bajo su control.
Implicaciones y próximos pasos en la diplomacia euro‑atlántica
Si la reunión logra abrir una nueva fase de diálogo, podría traducirse en una reducción de la presión militar sobre Kiev y una mayor estabilidad en la región. La comunidad euro‑atlántica observará de cerca cualquier señal de flexibilidad rusa, pues un acuerdo parcial podría allanar el camino para futuras negociaciones sobre la retirada de armas y la reconstrucción de zonas devastadas.
En el corto plazo, EE.UU. planea mantener su apoyo a Ucrania, tanto en términos militares como diplomáticos, mientras evalúa la respuesta rusa a la venta de armamento. La Casa Blanca ha indicado que seguirá presionando a Moscú para que acepte una solución basada en la congelación del conflicto, aunque no descarta la posibilidad de sanciones adicionales si las demandas de Kiev son rechazadas.
El éxito o fracaso de estas negociaciones tendrá repercusiones directas en la política exterior estadounidense, que busca equilibrar la contención de Rusia con la necesidad de evitar una escalada en Oriente Medio. Asimismo, la postura de la UE dependerá de la evolución de este proceso, ya que una solución negociada podría aliviar la carga económica y humanitaria que el conflicto ha impuesto sobre los países miembros.
En conclusión, la reunión de Umerov en Miami representa una oportunidad crítica para reactivar un proceso de paz que lleva más de cuatro años estancado. La combinación de presión diplomática y la reciente venta de armas crea un escenario complejo, pero también abre la puerta a una posible reconfiguración de la estrategia euro‑atlántica en torno al conflicto ucraniano.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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