Denuncia de Ana

Ana, 87 años, no percibe ninguna pensión propia y subsiste gracias a la pensión que cobra su marido. La entrevista concedida a nuestro medio muestra cómo una generación entera de mujeres quedó fuera del sistema de protección social.

"Yo soy jubilada, pero jubilada por la edad que tengo, porque de pensión no cobro nada de nada", declara Ana frente a las cámaras. Añade que nunca ha tenido que rogar para que le concedan algún derecho, pues su marido se ha encargado de que en casa no falte nada.

![Imagen de Ana y su entorno]

Tras la entrevista, Ana explica que trabajó siempre al lado de su esposo, colaborando en su despacho sin estar dada de alta. Asegura que nunca se planteó la necesidad de cotizar, pues en su época el trabajo doméstico y familiar no se consideraba empleo formal.

A pesar de la falta de ingresos propios, Ana afirma vivir bien gracias al apoyo económico de su marido. "Sí, vivo bien, no tengo ningún problema", comenta, aunque reconoce que el coste de la vida le parece cada vez más elevado.

![Imagen que ilustra la situación de las jubiladas]

Causas históricas

Durante décadas, la mayor parte de la población femenina española desempeñó su labor en el hogar o en negocios familiares sin registro en la Seguridad Social. Esa ausencia de alta dejó a muchas mujeres sin derecho a pensión cuando llegó el momento de la jubilación.

En la década de los 60 y 70, la normativa laboral excluía a las trabajadoras del sector doméstico, lo que hoy se traduce en cientos de miles de pensionistas sin cobertura. La falta de reconocimiento de estas actividades como empleo formal es la raíz del problema.

Según datos del INSS, alrededor de 350.000 mujeres mayores de 65 años no reciben pensión alguna porque nunca cotizaron. Este número se mantiene estable pese a los intentos de reforma, y la vulnerabilidad económica de estas personas sigue creciendo.

La ausencia de cotización tiene consecuencias directas: dependencia del ingreso del cónyuge, dificultad para acceder a la vivienda digna y mayor riesgo de pobreza. "Si tienen hijos, padres mayores, bueno, si tienen pensión, pues bueno... esto se debería mirar", advierte Ana.

El Gobierno ha anunciado la revisión de la normativa para reconocer periodos de cuidado no remunerado, pero los plazos son inciertos. Mientras tanto, la medida del plazo de 90 días para la jubilación (plazo de 90 días para la jubilación) no aborda la raíz del problema.

Los expertos señalan que la falta de pensión para estas mujeres incrementa la presión sobre el sistema de ayudas sociales y el copago farmacéutico. La reciente exención del copago farmacéutico para 2,1 millones de pensionistas (exención del copago farmacéutico) alivia parte del gasto, pero no soluciona la ausencia de ingresos regulares.

En el futuro, la presión demográfica y el envejecimiento de la población obligarán a las autoridades a replantear la cobertura de la Seguridad Social. La falta de pensión para mujeres como Ana podría convertirse en un problema estructural que comprometa la sostenibilidad del modelo de protección social.

Ante esta realidad, los sindicatos y organizaciones de derechos de la mujer exigen la creación de un pago compensatorio para quienes no cotizaron pero realizaron labores esenciales de cuidado. La medida buscaría reconocer su contribución y reducir la dependencia del ingreso del cónyuge.

Mientras se discuten reformas, la historia de Ana sirve como recordatorio de que la igualdad de género en el ámbito laboral no solo es una cuestión de derechos actuales, sino también de justicia intergeneracional. Cada mujer que hoy vive sin pensión representa una brecha que la política debe cerrar antes de que la próxima generación enfrente la misma vulnerabilidad.

Ana, 87 años, sin pensión propia, depende de la pensión de su marido
Ana, 87 años, sin pensión propia, depende de la pensión de su marido
Nines Díaz
Nines Díaz

Editor de Economía

Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.

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