Paul Rosolie advierte: los narcos son la mayor amenaza en el Amazonas

Paul Rosolie, cofundador de JungleKeepers, declaró esta semana que los narcotraficantes representan la mayor amenaza para la integridad del Amazonas. La afirmación se produce mientras la región registra un aumento de enfrentamientos entre guardabosques y bandas criminales que buscan rutas de tráfico y áreas para el cultivo de coca. "Los narcos no solo talan árboles, también matan a quienes defienden la selva", señaló Rosolie en una entrevista en la zona del río Las Piedras.

Esta denuncia se enmarca en un contexto de creciente violencia vinculada al narcotráfico en América Latina, que ha llevado a Seguridad Nacional alerta de aumento de violencia narco en España. Rosolie insiste en que la presencia de grupos armados en la selva pone en riesgo no solo la biodiversidad, sino también la vida de las comunidades indígenas que dependen del bosque.

Cómo JungleKeepers protege 60.000 hectáreas y enfrenta a criminales

JungleKeepers ha asegurado más de 60.000 hectáreas mediante la compra de concesiones y la firma de acuerdos con poblaciones locales. La estrategia combina la adquisición de títulos de propiedad, la creación de patrullas comunitarias y la instalación de sistemas de vigilancia satelital. Los guardabosques, en su mayoría miembros de comunidades indígenas, realizan rondas diarias en barcazas y a pie, interceptando a mineros ilegales y a narcotraficantes que intentan adentrarse en el territorio.

En los últimos doce meses, la organización ha registrado cincuenta encuentros armados y ha logrado desmantelar al menos tres rutas de tráfico de drogas. Los enfrentamientos han cobrado vidas de guardabosques, lo que ha llevado a JungleKeepers a reforzar la capacitación en tácticas de seguridad y a proveer equipamiento de protección. La organización también utiliza Starlink para mantener comunicaciones estables en zonas sin cobertura.

Implicaciones internacionales y futuros retos para la conservación del Amazonas

La denuncia de Rosolie tiene repercusión más allá de la frontera amazónica. Gobiernos de Brasil, Perú y Colombia han comenzado a evaluar la necesidad de reforzar la presencia estatal en áreas vulnerables, mientras que organismos internacionales consideran destinar fondos adicionales para la seguridad ambiental. La escalada de violencia criminal podría obligar a la comunidad internacional a replantear sus políticas de lucha contra el narcotráfico, integrando la conservación como objetivo estratégico.

Sin embargo, los retos persisten. La falta de recursos estatales, la corrupción y la presión de intereses económicos hacen que la protección de la selva sea una tarea compleja. Proyectos como el de JungleKeepers demuestran que la colaboración entre ONG y comunidades locales puede ser eficaz, pero requieren apoyo sostenido para evitar una posible retrocesión. Como ejemplo de esfuerzos paralelos, Ángel León y Ecologistas en Acción recuperan 20 ha de marisma en Cádiz muestra cómo la restauración ecológica sigue siendo una prioridad en otros frentes.

El futuro del Amazonas dependerá de la capacidad de los gobiernos y la sociedad civil para contrarrestar la violencia narco‑ambiental. Si la tendencia actual continúa, la selva podría perder no solo árboles, sino también la vida de quienes la defienden.

Ana Gutierrez
Ana Gutierrez

Corresponsal Internacional

Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.

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