Ataque conjunto EE.UU.–Israel a instalaciones nucleares iraníes (28 feb 2026)

El 28 de febrero de 2026 Estados Unidos e Israel ejecutaron una operación aérea coordinada contra varios sitios del programa nuclear iraní en el interior del país. La ofensiva, planificada durante meses, utilizó aviones de combate F‑35 y drones de ataque de alta precisión, destruyendo al menos dos centrifugadoras y una instalación de enriquecimiento.

Irán respondió cerrando el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, dejando varados cerca de 2 000 buques de diferentes banderas. El cierre provocó un alza inmediata del precio del crudo, que superó los $110 por barril en los mercados internacionales.

Desarrollo de la confrontación: bloqueos, declaraciones y negociaciones

Durante los días siguientes, la Armada iraní bloqueó el paso con minas y misiles costeros, mientras que buques de la Marina de EE.UU. intentaban reabrir la ruta. El buque estadounidense USS Merrill sufrió graves daños tras ser alcanzado por un misil anti‑buque, según declaró el asesor militar de Irán, "uno de los tres buques estadounidenses resultó gravemente dañado".

A pesar del alto el fuego mediado por Pakistán el 8 de abril, los enfrentamientos navales continuaron. Irán presentó una propuesta de paz a la administración Trump, que el presidente calificó de "inaceptable" y amenazó con una respuesta militar más contundente. Simultáneamente, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, sostuvo conversaciones con sus homólogos de Corea del Sur y Qatar, buscando apoyo diplomático y garantías de seguridad.

Contexto geopolítico breve del conflicto Irán‑EE.UU.

El programa nuclear iraní, iniciado en los años 80, ha sido objeto de sanciones y negociaciones multilaterales desde el acuerdo de 2015. Sin embargo, la falta de cumplimiento y la expansión de la capacidad de enriquecimiento provocaron la ruptura del acuerdo en 2023. EE.UU. y Israel, aliados estratégicos en la región, consideraron que la única forma de impedir un posible armamento nuclear era la acción preventiva.

La alianza EE.UU.–Israel se ha consolidado mediante cooperación militar y de inteligencia, compartiendo información de vigilancia satelital y desarrollando sistemas de defensa aérea conjuntos. La operación de febrero marcó la primera intervención militar directa coordinada contra instalaciones nucleares iraníes desde la invasión de 2003 en Irak.

Escenarios futuros y posibles repercusiones internacionales

Los analistas advierten que la escalada podría derivar en una guerra abierta en el Golfo Pérsico, con riesgos de colapso del suministro de petróleo y una crisis energética global. El cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría elevar los precios del crudo en un 15 % adicional, afectando a economías dependientes de importaciones energéticas.

Diplomáticamente, la comunidad internacional está dividida: mientras Estados Unidos y sus aliados presionan por una respuesta militar firme, China y Rusia llaman a la moderación y ofrecen mediar en una nueva ronda de negociaciones. Las próximas semanas serán decisivas para determinar si el alto el fuego se convierte en una solución duradera o si la región se dirige hacia una nueva fase bélica.

En cualquier caso, la población mundial observará de cerca la evolución del conflicto, pues sus consecuencias económicas y de seguridad podrían repercutir en los mercados, los precios de la energía y la estabilidad política de Oriente Medio.

Ana Gutierrez
Ana Gutierrez

Corresponsal Internacional

Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.

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