El Castillo de San Sebastián se alza sobre el antiguo templo fenicio de Moloch

Según el geógrafo Estrabón, la zona donde hoy se alza el castillo albergó un santuario dedicado al dios Moloch. El relato clásico sitúa allí el Krónion, templo que vinculaba la antigua Gadir con cultos orientales. No existen restos arqueológicos concluyentes, pero la tradición ha convertido al castillo en un punto de encuentro entre mito y realidad. Cada atardecer, los visitantes sienten la presencia de aquel culto milenario bajo la piedra de la fortaleza.

De la ermita veneciana al bastión del siglo XVIII

En 1457, una tripulación veneciana asediada por la peste erigió una pequeña ermita dedicada a San Sebastián, patrón contra las epidemias. Utilizaron los restos de un faro romano que, en 1613, fue reemplazado por una torre de vigilancia con funciones defensivas. La verdadera transformación comenzó en 1706, cuando el ingeniero militar Juan de la Vega inició la construcción del castillo que conocemos hoy. La obra se prolongó hasta 1860, año en que se añadieron casamatas y el muelle que conecta la isla con el casco histórico.

El proyecto combinó arquitectura militar barroca con soluciones ingenieriles propias de la costa atlántica. Los puentes levadizos, ahora desaparecidos, permitían el acceso controlado al islote, mientras que las murallas de planta irregular respondían a la topografía del terreno. La remodelación de reforzó la defensa con cañones de mayor calibre, consolidando al castillo como pieza clave del sistema defensivo gaditano.