El chemsex ha registrado un notable incremento entre jóvenes LGTB+ en España durante el último año, según datos recopilados por la comisión ChemSex Support de la organización comunitaria Stop Sida y la observación directa de psicólogos y médicos de urgencias. El fenómeno, que combina el consumo intencional de sustancias psicoactivas con encuentros sexuales prolongados, está pasando de ser una práctica marginal a un desafío de salud pública que obliga a una respuesta coordinada.

Aumento del chemsex entre jóvenes en España

Stop Sida informa que el número de personas que se identifican como hombres gays, bisexuales, trans, non‑binary y demás miembros de la comunidad LGTB+ que practican chemsex ha crecido de forma sostenida en las principales ciudades del país, especialmente en Madrid y Barcelona. La comisión señala que la práctica se extiende también a tríos, sexo grupal y, en algunos casos, a sesiones en solitario que pueden prolongarse durante horas o incluso días.

Los profesionales de adicciones y los servicios de urgencias corroboran esta tendencia. En los centros de atención se observan más consultas vinculadas a episodios de consumo de metanfetamina, mefedrona, GHB y otras sustancias depresoras o disociativas durante la actividad sexual. La comunidad LGTB+ reconoce la práctica con términos como "chill", "colocón" o "guarrichill", lo que dificulta su detección en entornos clínicos tradicionales.

Riesgos sanitarios y psicológicos del chemsex

El psicólogo clínico Gerardo Sabio, miembro del grupo de trabajo de adicciones del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, describe una serie de complicaciones agudas que aparecen en la consulta: "Adicción y conductas compulsivas, trastornos afectivos agudos con ideación suicida, alteraciones de la conducta sexual, cuadros de abstinencia y, en casos graves, psicosis inducidas". En urgencias, los médicos reportan episodios de agitación extrema, intentos de suicidio y deshidratación severa.

A largo plazo, los riesgos se amplían. Sabio advierte que el consumo repetido de estas sustancias genera "alteraciones de la memoria, cambios en la personalidad, dependencia y necesidad de tratamiento por servicios de salud mental". Además, la práctica incrementa la exposición a infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, al reducir la capacidad de toma de decisiones y el uso de protección durante el acto sexual.

Perspectivas y respuestas de los especialistas

Ante el crecimiento del chemsex, los expertos proponen la creación de unidades de psiquiatría y adicciones especializadas en los núcleos urbanos más afectados. "La alta concentración de casos en Madrid y Barcelona sugiere la necesidad imperativa de implementar unidades de psiquiatría especializada", afirma Sabio. Estas unidades deberían ofrecer atención integral que combine tratamiento de la adicción, apoyo psicológico y prevención de ETS.

Se recomienda también la formación de profesionales de salud en la detección temprana del chemsex, la divulgación de información clara a la comunidad LGTB+ sobre los riesgos y la promoción de entornos de ocio seguros donde el consumo de sustancias sea monitorizado. La colaboración entre organizaciones comunitarias como Stop Sida y los servicios sanitarios es clave para diseñar intervenciones que reduzcan tanto el daño inmediato como las secuelas crónicas.

El chemsex ya no es un asunto privado; se ha convertido en una prioridad de salud pública que exige recursos, investigación y una respuesta coordinada entre la comunidad y el sistema sanitario.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

¿Te ha gustado este artículo?

Suscríbete a nuestro boletín y recibe las mejores noticias en tu correo cada día.

Al suscribirte aceptas nuestra política de privacidad