Explicación de Abel Domínguez

El psicólogo infanto‑juvenil Abel Domínguez ha señalado que resulta poco frecuente que un alumno con buen rendimiento académico y apoyo familiar empiece a faltar a clase sin una causa subyacente. «Si un chaval llega a los objetivos de cada curso, está adecuadamente socializado y cuenta con una estructura familiar estable, es muy raro que de la nada empiece a faltar», afirma. Cuando ocurre, el absentismo repentino debe considerarse una señal de alerta más que una simple rebeldía.

Domínguez insiste en observar el entorno inmediato del adolescente y detectar cualquier malestar emocional que pueda estar oculto tras la ausencia. La falta de asistencia puede ser el síntoma visible de problemas internos que, de no abordarse, se profundizan con el tiempo.

Causas del absentismo y recomendaciones

Domínguez identifica tres factores clave que desencadenan el abandono escolar: la presión del grupo de pares, una autoestima frágil y el fracaso escolar previo. Cada uno actúa como un detonante que, combinado, debilita la motivación del joven.

La necesidad de pertenencia impulsa a muchos adolescentes a imitar conductas del grupo; si el círculo de amigos valora el faltar a clase como una forma de ganar estatus, el alumno se vuelve vulnerable a seguir esa corriente. «Si me siento aceptado como 'malote', buscaré aumentar la probabilidad de vestir de cierta forma o ir con determinados amigos», explica Domínguez.