Estudios y hallazgos
El primer estudio, liderado por la catedrática Mònica Bulló, analizó a 1 080 mujeres embarazadas y a sus hijos. La ingesta de carbohidratos, el índice glucémico (IG) y la carga glucémica (CG) se calcularon a partir de un cuestionario alimentario que incluía más de cien productos. El seguimiento del neurodesarrollo se realizó entre los 8 y los 28 meses, controlando variables clínicas, socioeconómicas y educativas.
Los resultados mostraron que las madres con dietas de alto IG y CG dieron a sus hijos puntuaciones significativamente más bajas en pruebas de lenguaje y habilidades motoras. En el segundo estudio, dirigido por Victoria Arija, participaron 420 embarazadas y se evaluó a sus hijos hasta los 4 años. Se observó una disminución de la velocidad de procesamiento, la precisión visomotora, las habilidades no verbales y el coeficiente intelectual en la etapa preescolar cuando la exposición prenatal a carbohidratos de alto IG era mayor.
Cómo la calidad de los carbohidratos afecta al neurodesarrollo
El estudio longitudinal reveló que la calidad de los carbohidratos ingeridos por la madre influye directamente en el desarrollo cognitivo del niño. Los niños expuestos a dietas maternas con alto IG mostraron menor rapidez en tareas de procesamiento visual y auditivo, así como una reducción en la capacidad de razonamiento abstracto medido por pruebas de coeficiente intelectual. Estas diferencias se mantuvieron aun después de ajustar por nivel educativo de los padres y otras variables de confusión.
Los investigadores explican que el IG refleja la velocidad con la que un alimento eleva la glucosa sanguínea. Alimentos poco procesados y ricos en fibra, como frutas enteras, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, presentan valores bajos de IG y, por tanto, generan aumentos más graduales de glucosa. En contraste, productos refinados y azúcares simples elevan rápidamente la glucosa, lo que se asocia a los efectos negativos observados.
Repercusiones y recomendaciones
"Una dieta materna basada en alimentos de bajo índice glucémico podría ser una herramienta sencilla para mejorar el desarrollo cognitivo de los niños", afirma la investigadora Mònica Bulló. Los hallazgos sugieren que las guías clínicas de nutrición gestacional deberían incluir, además de la cantidad de carbohidratos, su calidad, promoviendo alimentos con bajo IG y CG.
Los autores llaman a profundizar la investigación con ensayos controlados que evalúen intervenciones dietéticas específicas durante el embarazo. Mientras tanto, recomiendan a las futuras madres priorizar frutas enteras, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, evitando alimentos ultraprocesados y azúcares añadidos. Adoptar estas recomendaciones podría traducirse en mejores resultados de lenguaje, motricidad y rendimiento escolar en la siguiente generación.
Temas relacionados
Redactor científico
¿Te ha gustado este artículo?
Suscríbete a nuestro boletín y recibe las mejores noticias en tu correo cada día.





