Hecho central
El Papa Francisco celebró una misa en la Sagrada Familia de Barcelona este lunes, rodeado de aproximadamente 200 obispos que ocuparon los laterales del altar. La ceremonia, que tuvo lugar a mediodía, coincidió con la conmemoración del aniversario de la consagración del templo.
Los focos de iluminación instalados para el evento generaron un calor notable dentro del interior, obligando al pontífice a permanecer unos minutos más en la sacristía antes de iniciar la celebración.
Detalles del evento
Los obispos, provenientes de distintas diócesis de España y América Latina, se alinearon en los laterales del altar, creando una vista imponente que resaltó la unidad de la Iglesia. Cada clérigo portó una vestimenta litúrgica tradicional, y varios de ellos sostuvieron cruces de madera tallada, símbolo de la herencia cristiana.
La temperatura dentro de la basílica alcanzó los 30 °C, según informaron los organizadores, lo que obligó a ajustar la ventilación y a colocar ventiladores discretos. A pesar del calor, la misa transcurrió sin incidentes y concluyó con la bendición final del Papa.
Contexto geopolítico
La visita se produce en un momento de intensos debates sobre la pastoral latinoamericana, donde la Santa Sede busca reforzar su influencia frente a corrientes progresistas. "Esta visita refuerza los lazos históricos entre la Santa Sede y la Iglesia en España, y abre una puerta a la colaboración en los desafíos pastorales de América Latina", declaró el portavoz del Vaticano.





