No‑lugares en la novela negra: la nueva frontera del género

El viernes se lanzó "Objetos perdidos" de Carlos Zanón, donde el protagonista Alex Gual se instala en un hotel que funciona como refugio temporal. En la misma jornada, Jon Arretxe presentó la serie del detective Touré, un migrante sin papeles que recorre París, Barcelona y Gran Canaria sin anclarse a ningún sitio.

Ambas obras comparten la intención de explorar la precariedad habitacional y la movilidad constante como ejes narrativos. Zanón afirma que la ficción debe reflejar la realidad de una población que no puede pagar una vivienda estable. Arretxe, por su parte, utiliza la condición de Touré para mostrar cómo la falta de documentación obliga a vivir en tránsito perpetuo.

Desarraigo como motor narrativo

En "Objetos perdidos", el hotel simboliza la ausencia de pertenencia: Alex Gual no posee una habitación propia, solo una puerta que se abre y cierra cada día. La trama avanza entre pasillos anónimos y recepciones impersonales, donde cada encuentro revela la fragilidad de la identidad cuando el entorno es efímero.

Touré, en la serie de Arretxe, lleva el desarraigo al extremo. Al no poder regularizar su situación, el detective se ve forzado a aceptar trabajos temporales y a mudarse sin aviso. Cada caso que investiga está marcado por la urgencia de un refugio que nunca llega, lo que intensifica el conflicto interno y externo del personaje.