En el corazón de la Catedral de Pamplona se encuentra el sepulcro de Carlos III, conocido como el Noble, y su esposa, Leonor de Trastámara. A pesar de que el monumento funerario está vacío, el Gobierno de Navarra lo ha declarado Bien de Interés Cultural, junto con la caja del corazón de Carlos II, debido a su importancia artística y política. La declaración coincide con la conmemoración del VI centenario de la muerte de Carlos III el Noble, un evento que busca recordar su buen gobierno y la relevancia de conservar su legado.
La historiadora del arte medieval, Clara Fernández-Ladreda, destaca que el sepulcro es una de las obras más destacadas de la escultura gótica borgoñona de fines del siglo XIV y primera mitad del XV. Considera que es una creación excepcional, no solo por su calidad artística, sino también por su significado político y simbólico. Fernández-Ladreda enfatiza que el monarca fue un gran mecenas de las artes, aunque sus políticas a largo plazo tuvieron consecuencias negativas para el reino.
El sepulcro se finalizó seis años antes de la muerte de Carlos III el Noble, en 1419, y fue colocado en la Catedral de Pamplona. A lo largo de los siglos, ha sido trasladado en varias ocasiones, llegando a estar incluso en la cocina del edificio. En la actualidad, se encuentra en el lugar elegido por el monarca, cerca de la sillería de coro de los canónigos.
La obra está considerada la escultura funeraria del gótico borgoñón mejor conservada, lo que se debe en parte a que no sufrió el mismo destino que otras sepulturas reales o de la nobleza en Francia, que fueron destruidas durante la Revolución Francesa. La documentación relativa al sepulcro es extensa y detallada, lo que permite conocer el proceso de ejecución de la obra, incluyendo la cronología, autores, costos, materiales y técnicas.





