La ciudad de Barcelona se encuentra a punto de vivir un cambio de ritmo en su pasión ciclista. Este domingo, en el emblemático Montjuïc, tendrá lugar una entrega simbólica del testigo entre la Volta y el Tour. Aunque no será un acto oficial, esta transición marca el inicio de una etapa emocionante en la que la ciudad se sumergirá en la magia del ciclismo durante menos de 100 días.

A partir de ahora, un ambiente ciclista especial impregnará el aire de Barcelona. Muchos estarán equivocados si piensan que la llegada del Tour será un problema o un obstáculo. Tampoco hay motivo para entrar en pánico si durante un fin de semana -y solo durante ese tiempo- no se puede utilizar el coche con total libertad. No hay nada malo en dejarlo aparcado y disfrutar de un paseo, mover las piernas o subirse a una bicicleta para pedalear y acercarse a los lugares emblemáticos por los que pasarán los corredores del Tour el sábado 4 y el domingo 5 de julio.

El Tour, más allá de la competición deportiva, se convertirá en una fiesta popular y democrática, como afirmó David Escudé, máximo responsable de la organización catalana de la prueba, en una entrevista reciente. Quien ha tenido la experiencia de asistir a 35 Grands Départs del Tour, incluyendo dos en el País Vasco, asegura que con el paso de los años, todas las grandes ciudades que han acogido el evento han visto desfilar a cientos de miles de personas junto a las vallas del Tour.

Barcelona no será una excepción. Además de los visitantes que llegarán, los propios vecinos de la ciudad podrán presumir de haber presenciado el Tour en directo, al igual que ocurrió hace tres décadas y media con la organización de los Juegos. La competición se vivirá en la calle, en las carreteras por las que circulan los habitantes de la zona, como en la etapa que partirá de Tarragona para llegar a Barcelona o en la despedida catalana del Tour, desde Granollers a Les Angles, ya en la Cerdanya francesa.