La última vez que Tiger Woods se vio envuelto en un accidente de tráfico vuelve a poner en relieve la distancia existente entre su legendaria carrera deportiva y su vida personal, marcada por las lesiones y los problemas personales. La imagen de un golfista excepcional, ganador de 15 grandes, contrasta con la de un hombre que lucha por superar sus limitaciones físicas y personales.

El accidente ocurrió el viernes en Jupiter Island, Florida, cerca de su residencia. Woods perdió el control de su Range Rover a exceso de velocidad, chocó con una furgoneta con remolque y volcó. Salió del vehículo por la ventanilla del copiloto y esperó a los agentes mientras hablaba por teléfono. Aunque dio negativo en el control de alcoholemia, se negó a someterse a un examen de orina. La policía detectó que conducía bajo los efectos de alguna sustancia y mostraba signos de deterioro, lo que lo llevó a ser trasladado a la cárcel del condado de Martin.

La foto de su ficha policial vuelve a dar la vuelta al mundo, eclipsando la imagen del gran deportista que fue. Este no es el primer incidente de tráfico que pone en entredicho su vida personal. En 2009, un accidente cerca de su domicilio destapó un escándalo personal que afectó su imagen pública. Woods se retiró temporalmente y pidió disculpas públicamente por su adicción al sexo.

En 2017, fue arrestado por conducir bajo los efectos de medicamentos que tomaba para aliviar el dolor causado por sus problemas físicos. Un vídeo mostró a un hombre desorientado y con dificultades para caminar. Y en 2021, estuvo a punto de perder la vida en un accidente de tráfico en el que su pierna derecha resultó gravemente dañada.