La incertidumbre generada por el conflicto bélico en Oriente Próximo está afectando las previsiones económicas para la región y el mundo. La complejidad de la situación hace que sea difícil valorar las consecuencias de un conflicto que podría tener un impacto significativo en la economía global. En este sentido, se plantean dos escenarios principales: uno en el que se produce un cese de las hostilidades y otro en el que el conflicto se prolonga.

La inflación en España ya ha experimentado un aumento significativo en marzo, alcanzando el 3,3% en términos interanuales, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El encarecimiento de los carburantes, incluso después de las rebajas de IVA y de impuestos especiales, explica gran parte de este aumento. En los próximos meses, se espera que los alimentos también vean un incremento en sus precios debido a la subida del transporte, fertilizantes y otras materias primas necesarias para la producción agrícola.

Sin embargo, si el conflicto se resuelve pronto, es posible que la inflación subyacente no se vea afectada de manera significativa. En este escenario, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) total se situaría en torno al 3% para el conjunto del año, según los escenarios centrales contemplados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco de España y Funcas. El índice subyacente podría incluso permanecer por debajo de esta cifra.

Por otro lado, si el conflicto se prolonga y se intensifica, con destrucción de capacidad productiva en la región, las consecuencias económicas podrían ser mucho más graves. Un barril de petróleo Brent más caro y precios altos durante más tiempo podrían tener múltiples consecuencias, incluyendo tensiones sobre los precios más intensas y persistentes. El Banco de España considera que el IPC podría incluso rozar el .