Mientras la Unión Europea se enfoca en resucitar industrias tradicionales como la producción de acero y cemento, potencias como Estados Unidos y China están volcando sus esfuerzos en áreas de vanguardia como la inteligencia artificial y la robótica. Esta estrategia europea ha sido plasmada en la propuesta de la Comisión Europea para la Ley de Aceleración Industrial, presentada el pasado 4 de marzo. El objetivo es claro: impulsar la demanda de productos fabricados en Europa, introduciendo requisitos de contenido local en la contratación pública y en las inversiones extranjeras.

La Ley de Aceleración Industrial busca proteger sectores industriales que han sido considerados estratégicos, como la movilidad, las materias primas y las industrias de gran consumo energético. Sin embargo, este enfoque ha sido cuestionado por varios expertos, que lo ven como una visión nostálgica y alarmista. En primer lugar, porque la producción industrial europea en su conjunto ha aumentado más de un 15% desde 2008, y sectores como el automotriz o el de productos químicos siguen siendo competitivos en el mercado global.

Además, la producción china ha ganado cuota de mercado, pero este es un fenómeno global y no exclusivo de Europa. Los expertos argumentan que la Comisión Europea está seleccionando sectores ganadores y apostando por una estructura económica que no prioriza la productividad, la competitividad y la innovación. Al legislar y diseñar incentivos para proteger ciertos sectores, la Comisión está designando qué industrias deben recibir apoyo, lo que puede llevar a una reducción del peso relativo de otros sectores económicos.