La empresa aragonesa Forestalia se ha convertido en un referente en el sector de las energías renovables en España, pero su rápido crecimiento ha generado tanto admiración como controversia. Con una trayectoria fulgurante, la compañía ha pasado de ser una pequeña promotora de proyectos renovables a convertirse en un actor clave en proyectos estratégicos que trascienden el sector energético.

La historia de Forestalia comienza en un contexto en el que Aragón ya se había posicionado como una de las regiones líderes en la transición energética en España. La comunidad autónoma cuenta con recursos eólicos y solares privilegiados, lo que la convierte en un territorio ideal para la implantación de parques eólicos y plantas fotovoltaicas. La calidad del viento en el valle del Ebro, la elevada radiación solar y la disponibilidad de suelo han facilitado la expansión de las energías renovables en la región.

El despliegue de molinos y placas solares en Aragón se remonta a mediados de los años 90, cuando los primeros aerogeneradores comenzaron a instalarse en municipios como La Muela (Zaragoza). A partir de ahí, la región ha ido construyendo un modelo propio de desarrollo energético. Un plan autonómico, el PEREA, permitió ordenar el crecimiento y garantizar la evacuación de energía en los primeros años del nuevo siglo. La planificación pública, combinada con el interés empresarial, situó a Aragón en una posición de ventaja.

Sin embargo, el modelo se quebró con el concurso eólico de 2011, que acabó judicializado y derivó en un bloqueo de varios años que frenó el desarrollo del sector. La moratoria estatal impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy (PP) también congeló nuevas inversiones durante varios ejercicios. Aragón pasó entonces de ser un referente a un territorio en pausa.