A pesar de la incertidumbre que rodea el conflicto entre Irán y Estados Unidos, una cosa es segura: la guerra de desgaste que se libra en la región tiene un claro protagonista. Teherán, con su larga experiencia en conflictos bélicos, ha demostrado ser un maestro en la estrategia de desgaste. La guerra entre Irán e Irak (1980-1988) es un ejemplo claro de cómo el régimen iraní aplicó esta táctica con éxito.
La dinámica del conflicto regional ha llevado a una situación en la que nada volverá a ser lo mismo. La agresión y la respuesta de Estados Unidos han generado un escenario de guerra a la economía mundial. En este contexto, Irán ha demostrado ser un actor clave en la región, capaz de resistir los golpes y contraatacar con fuerza.
Según fuentes oficiales iraníes, el país está bien preparado para continuar la lucha. 'Tenemos un arsenal enorme. Estamos utilizando drones y misiles que produjimos hace diez años', aseguran. La resiliencia del régimen iraní es una de sus principales fortalezas, y su capacidad para resistir la presión internacional es notable.
La estrategia de desgaste de Irán se basa en la lucha batalla a batalla, hasta extenuar al enemigo. Esta táctica, que puede parecer antigua, sigue siendo efectiva en la era de los drones y la Inteligencia Artificial. El Estrecho de Ormuz, por el que pasa aproximadamente un 90% de las exportaciones iraníes de crudo, es un ejemplo claro de cómo Irán puede responder a los golpes.
El régimen iraní ha contabilizado 'hasta más de 2.000 veces' los bombardeos que sufrió durante la guerra con Sadam Husein. Ahora, el Departamento de Guerra de Estados Unidos anuncia un 'golpe final' contra Irán. En cuestión de escasos días, se sabrá si el régimen iraní puede repeler este ataque.





