La determinación de Donald Trump para proseguir con los bombardeos en Irán me recuerda la búsqueda de Richard Nixon por una salida honorable en Vietnam. La idea de una 'paz con honor' fue un leitmotiv en la campaña y el mandato presidencial de Nixon, pero terminó costando años de muertes y sufrimiento. ¿Cuánto daño está dispuesto Trump a infligir antes de dar marcha atrás y poner fin a este conflicto sin sentido?

La obsesión de Nixon por un 'final honroso' a la guerra en Vietnam comenzó en su discurso de aceptación de la nominación como candidato en la convención nacional republicana de 1968. A medida que se hacía evidente que el Gobierno de Vietnam del Sur no podría sobrevivir sin el apoyo de EEUU, Nixon intentó defender la credibilidad de Washington, entendida de manera cínica como un 'intervalo decente' desde la salida estadounidense hasta el derrumbe de Saigón.

Para garantizar ese período, Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, sometieron al pueblo de Vietnam a cuatro años de bombardeos que se extendieron a los países limítrofes de Camboya y Laos. Más de 20.000 soldados estadounidenses murieron en ese tiempo, y las bajas vietnamitas, camboyanas y laosianas fueron mucho mayores.

Esta historia nos lleva a cuestionar por qué Trump sigue bombardeando Irán. No es para destruir los misiles iraníes de largo alcance, ya que la Casa Blanca afirma que su capacidad está 'funcionalmente destruida'. Tampoco es para diezmar el programa nuclear iraní, que ya fue 'aniquilado' en junio del año pasado, según Trump. El cambio de régimen no parece ser un objetivo prioritario para Trump, y los ciudadanos iraníes son reacios a asumir los llamamientos de Trump a derrocar al régimen.