La Guardia Revolucionaria de Irán ha logrado extender su influencia en todos los ámbitos del Estado, consolidando su posición como una fuerza dominante en el país. En el primer mes de guerra contra Irán, los ataques de Israel y Estados Unidos se dirigieron contra el Líder Supremo del país, así como contra altos funcionarios militares y de seguridad. A pesar de los continuos golpes, la eliminación de parte de la cúpula no provocó fracturas en el régimen ni alteró la estrategia militar de ataques y represalias en la región. El canciller iraní, Abbas Araghchi, reveló que la República Islámica está siguiendo la estrategia denominada 'mosaico', diseñada tras la rápida caída del gobierno iraquí durante la invasión estadounidense en 2003. Esta estrategia prevé una cadena de mando descentralizada con el objetivo de garantizar el control interno del país en caso de que haya un vacío de poder por la muerte de un alto funcionario o que partes del territorio queden aisladas por ataques. 'Nuestras unidades militares son ahora independientes y actúan basándose en instrucciones generales que se les dieron con antelación', afirmó Araghchi en una intervención televisada.
La estrategia también implica una lista de hasta cuatro sucesores para cada alto funcionario del país, lo que permite una rápida sustitución sin afectar la cadena de mando. Los últimos nombramientos en estamentos políticos y de seguridad revelan una característica común: todos están vinculados o son cercanos a la Guardia Revolucionaria, el brazo de élite del Ejército. 'La obsesión con la terminología de 'colapso del régimen' oculta el hecho de que el régimen ya está cambiando', declaró Burcu Özçelik, investigadora en el Royal United Services Institute. La experta señaló que la República Islámica está experimentando una transición de una teocracia a un régimen cada vez más militarizado.
Fuentes cercanas a Teherán indican que esta situación se está acelerando durante la guerra y que la Guardia Revolucionaria tiene la última palabra en las decisiones de Estado. 'La Guardia Revolucionaria es ahora el Estado', afirmó Ali Vaez, director de Irán en el centro de estudios Crisis Group. Según Vaez, se ha revertido una tendencia en la que todo el liderazgo civil estaba subordinado al Líder Supremo, mientras que la Guardia Revolucionaria era la segunda fuerza con más poder en el país.
La Guardia Revolucionaria fue creada por el líder de la Revolución Islámica, Ruhollah Jomeini, poco después de asumir el poder en Irán, con el objetivo de proteger el nuevo sistema y difundir su visión política y religiosa en la región. Durante la guerra contra Irak en los años ochenta, la Guardia Revolucionaria pasó de ser una pequeña unidad de inteligencia a asumir un papel mayor en labores de tecnología armamentística, política y económica. Algunos de los militares de aquella época ocupan hoy altos cargos, como el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, uno de los hombres fuertes del país, que podría estar negociando las condiciones para poner fin a la guerra con Estados Unidos.
El fallecido jefe de Seguridad, Ali Larijani, fue excomandante del cuerpo, al igual que su actual sucesor, Mohammad Baqer Zolghader. A principios del año 2000, la Guardia Revolucionaria continuó diversificando sus responsabilidades, con una mayor presencia en acciones en el extranjero, así como la responsabilidad del desarrollo del programa nuclear y de misiles balísticos del país. Con la llegada de las sanciones internacionales por el enriquecimiento de uranio, la Guardia Revolucionaria empezó a ocuparse de cuestiones económicas para sostener la economía del país, ampliando su estructura de poder en el sector de la construcción y energético.
Esta estructura asimétrica permite que en la cúpula de poder haya perfiles más pragmáticos como Qalibaf, duros como el jefe de las fuerzas Quds -que operan en el extranjero- Ismail Qaani, así como el ultraconservador radical Saeed Jalili, uno de los consejeros principales del Líder Supremo. Estas diferencias de puntos de vista podrían haber provocado que algunas unidades de la Guardia Revolucionaria hayan atacado países vecinos de Irán y después hayan negado llevar a cabo dicha agresión.
Es el caso del lanzamiento de tres misiles balísticos contra Turquía o del misil que se dirigía a la isla que aloja la base estadounidense-británica Diego García, a 4.000 kilómetros de Teherán. Televisiones afiliadas al gobierno iraní reivindicaron el ataque, para luego desentenderse citando fuentes oficiales. 'Nadie sabe con quién hablar', afirmó el presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la dificultad de encontrar un interlocutor en el régimen para poder negociar su propuesta de alto el fuego.
Nadie parece considerar al nuevo Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, como interlocutor para negociar el fin de la guerra, ni siquiera como cara pública del poder. Desde que fue elegido el pasado 9 de marzo, no ha participado en actos de gobierno, ni se ha dirigido a la población con un mensaje de vídeo o audio. Su perfil reservado ha despertado rumores de que podría haber resultado gravemente herido en un bombardeo o incluso habría fallecido. Imágenes de su perfil y de sus predecesores abundan en las televisiones, edificios emblemáticos y manifestaciones progobierno del país. Sin embargo, cada vez más expertos apuntan que su lugar ha sido ocupado por una red de altos cargos cada vez más institucionalizada y descentralizada de la Guardia Revolucionaria, con el objetivo de preservar una República Islámica que cada vez es más militar.
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