El reciente ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ha generado un escenario cada vez más peligroso en la región. Si bien Rusia ha llevado a cabo acciones militares en países vecinos en los últimos años, el presidente Donald Trump parece no haber prestado suficiente atención a las lecciones que se pueden extraer de esos conflictos. Un ejército con menos recursos puede frustrar un intento de cambio de régimen mal planificado, como se ha visto en el pasado.
La revolución militar de los drones ha cambiado la forma en que se libran las guerras, y Trump habría podido aprender de la experiencia de otros países que han sufrido ataques con dispositivos navales y aéreos baratos. Si sus satélites le hubieran proporcionado información oportuna sobre la posición estratégica de Irán en el Estrecho de Ormuz, habría podido valorar mejor el desafío que supone enfrentarse a un enemigo con una posición defensiva sólida.
Sin objetivos claros y sin un plan de salida, Trump está subiendo peldaños en un escenario cada vez más peligroso. El profesor Robert Pape, de la Universidad de Chicago, cree que Estados Unidos se acerca al tercer nivel de la 'trampa de la escalada', en la que el atacante se ve tentado a desplegar tropas sobre el terreno para lograr sus objetivos políticos. En ese momento, la trampa se cierra sobre la víctima, y una superpotencia democrática como Estados Unidos se enfrentaría al desgaste de los jóvenes muertos a miles de kilómetros de casa.
La historia ha demostrado que Irán ya ha explotado esa debilidad en otras ocasiones. El secuestro de 52 estadounidenses en la embajada de Teherán en 1979 humilló al presidente Carter, y los atentados de Beirut en 1984 aceleraron la retirada de tropas estadounidenses del Líbano. La presencia de Washington en Irak también ha sido objeto de desgaste durante años a manos de milicias pastoreadas por Teherán.





