El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, es un líder experimentado y decidido que ha navegado por las complejidades de Oriente Próximo durante décadas. A diferencia de algunos líderes occidentales, Netanyahu no busca la fama ni la riqueza; su objetivo es la realización de un ideal: un Gran Israel seguro, donde los judíos puedan vivir sin amenazas.
Netanyahu proviene de una tradición de sionismo militante, similar a la del Irgun, un grupo que luchó por la independencia de Israel en la década de 1940. Su visión de Israel se basa en la idea de una patria judía segura y fuerte, que no necesariamente se preocupa por las fronteras o la inclusión de otros grupos.
Durante su carrera, Netanyahu ha estado en primera línea en la lucha contra los vecinos árabes de Israel. En la década de 1970, cuando el ayatolá Jomeini aún estaba exiliado en Francia, Netanyahu ya estaba comprometido con la causa israelí. Los países árabes, que a menudo estaban divididos entre sí, no lograron presentar una amenaza unificada a Israel.
Tras la Guerra del Yom Kippur, los países árabes dejaron de ser una amenaza existencial para Israel. Egipto, que había sido un líder en el mundo árabe, firmó un tratado de paz con Israel bajo el liderazgo de Menachem Begin. Netanyahu ha identificado a Irán como el verdadero enemigo de Israel, y así lo expresó en sus memorias.
Netanyahu busca un Oriente Medio que acepte la preeminencia de Israel y no cuestione su existencia. Sin embargo, su visión también implica ignorar la realidad de los 7,5 millones de palestinos que viven en Israel y los territorios ocupados.





