El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, es un líder experimentado que ha pasado por numerosas batallas. Su determinación y coraje son notables, y su visión para Israel se basa en un ideal y una obsesión por crear un estado judío seguro y próspero. A diferencia de otros líderes, su objetivo no es la gloria o el enriquecimiento personal, sino la realización de su visión para Israel.

Netanyahu proviene de una tradición de activismo sionista y es heredero de la legado del Irgun y Menachem Begin. Desde joven, se opuso frontalmente al laborismo de David Ben Gurion. En una época en que Irán estaba bajo el régimen del Shah y el ayatolá Jomeini estaba exiliado en Francia, Netanyahu ya estaba luchando en primera línea contra los países árabes vecinos. Estos países, a su vez, estaban divididos y enfrentados entre sí, lo que contribuyó a sus derrotas en 1948 y 1967.

Tras la Guerra del Yom Kippur y el acuerdo de paz con Egipto, bajo el liderazgo de Begin, los países árabes dejaron de ser una amenaza existencial para Israel. Con Egipto neutralizado, Jordania debilitada y Líbano devastado por la guerra civil, solo Siria quedaba como un obstáculo. Sin embargo, la Siria laica nunca representó una amenaza real, pese a su influencia en Líbano.

En la década de 1980, cuando Ronald Reagan asumió la presidencia de Estados Unidos, Netanyahu ya había identificado al verdadero enemigo: Irán. 'La principal fuerza que pretendía nuestro fin ya no era el mundo árabe, sino la República Islámica de Irán', confesó en sus memorias. En ellas, Netanyahu describe su pasado como activista civil y militar.