Cuando un niño hace una pregunta, es porque está listo para escuchar una respuesta, aunque sea necesario adaptar la complejidad de la respuesta a su edad. Recuerdo un mediodía en que mi hijo me preguntó sobre Irán mientras jugaba en el salón. La televisión estaba encendida, pero él no la miraba. Me preguntaba qué pasaba en Irán, y cómo explicárselo sin simplificar demasiado la situación. Recordé una entrevista con la escritora iraní Mahsa Mohebali, quien afirmó que los europeos no entienden la situación de los iraníes. Pensé en los libros iraníes que había leído y recordé una novela gráfica que podría ayudarme a explicarle la situación.

La novela gráfica Persépolis, de Marjane Satrapi, resultó ser una herramienta valiosa para explicar la situación en Irán. Mi hijo entendió casi todo, y pude hablarle sobre las represiones y dictaduras que ocurren en el mundo, incluyendo la situación de las mujeres en Irán y el velo. También hablamos sobre Estados Unidos, donde vive su tía. Me sirvió para recordar que los niños de Irán son como él y sus compañeros.

Cuando éramos pequeños, mi hijo y yo veíamos películas y documentales que nos hacían reflexionar sobre la historia y la sociedad. Recuerdo que cuando tenía cinco años, me preguntó sobre la casa del Canto del Pico, que Franco heredó del conde de las Almenas. Le expliqué que era la casa de Franco, y luego me preguntó quién era él. Tuve que explicarle sobre la dictadura y la guerra. Años después, vimos La lengua de las mariposas, y lloramos juntos cuando apedreaban al maestro. Le pregunté si recordaba a Franco, y le dije que aquella historia era sobre su guerra.