La repostería de posguerra es un capítulo especial en la historia de la cocina española. Se trata de una época en la que la creatividad y la imaginación se convirtieron en herramientas fundamentales para crear delicias con ingredientes básicos. Un ejemplo perfecto de esto son los buñuelos de pan, un postre que mi abuela Ángeles solía preparar con miga de pan duro, leche, huevos, cítricos y azúcar. El aroma a canela y la textura suave de estos buñuelos me transportan a mi infancia.

La región del sur de Cantabria es conocida por sus panazos impresionantes, con una miga suave y una corteza tersa. Mi abuela Ángeles crecía en esta región y allí aprendió a preparar este postre que se ha convertido en una tradición familiar. Aunque nunca le pregunté sobre el origen de esta receta, sí sé que la conservó durante años y la preparaba en cualquier época del año.

En España, los buñuelos son un postre típico en muchas regiones, especialmente durante la Semana Santa o Todos los Santos. Sin embargo, los buñuelos de pan son una variante menos común, pero igualmente deliciosa. En otras regiones, como La Rioja, Cantabria o Asturias, existen recetas similares con ingredientes y elaboraciones parecidas. Por ejemplo, la juanguila de La Rioja o los borrachinos de la Montaña Central de Asturias.

La elaboración de estos buñuelos es sencilla, pero requiere paciencia y pericia. Lo más importante es utilizar un buen pan, no esas barras que se convierten en chicle al cabo de unas horas. La miga del pan debe ser desmenuzada y reservada en un bol. A continuación, se prepara una infusión de leche con piel de limón y naranja, canela y azúcar. Una vez que la leche esté templada, se mezcla con la miga de pan y se añaden dos huevos batidos. La masa debe ser esponjosa y sin exceso de líquido.