Historias inolvidables La carrera de John Burridge, el portero inglés que dejó huella. / FDV

Juan Carlos Álvarez La lista de equipos en los que jugó John Burridge es prácticamente interminable. Este peculiar guardameta inglés pertenecía a una especie característica de su época, pero que la evolución convirtió en una rareza hasta el punto de desaparecer por completo. Eran jugadores que parecían haberse colado en el campo de juego, con mejores o peores condiciones, pero a quienes su físico jugaba una mala pasada y prejuzgaba en muchos casos. Durante casi treinta años de carrera en el fútbol británico, Burridge militó en veintinueve equipos diferentes (en algunos de ellos tuvo más de una etapa) y cambiaba de club con una frecuencia insólita, llegando a cambiar cuatro veces en una misma temporada. Se decía que era capaz de fichar por un club nuevo para evitarse algún kilómetro con el coche o porque tenía interés en conocer la ciudad durante unas semanas. En 1994, llegó a estar en seis clubes diferentes. Su vida comenzó a los dieciocho años en el Workington de su ciudad natal y acabó con cuarenta y cinco en la plantilla del Blyth Spartans, perdido en las ligas casi de aficionados.

Burridge alimentaba su personaje de forma constante. Era extravagante, peculiar, pero rara vez desaprovechaba la oportunidad de llamar la atención. En su carrera defendió camisetas relevantes (casi siempre en etapas en la segunda categoría) y estuvo cerca de protagonizar algún episodio importante. Por ejemplo, jugó en el Queen's Park Rangers que en 1983 se clasificó para jugar la final de la Copa de la Reina ante el Tottenham. Todo un acontecimiento para un equipo que en aquel momento estaba en la Segunda División. Burridge había jugado buena parte de la competición, pero el día de la final, el entrenador eligió a quien era su meta titular en Liga. El Queen's Park Rangers perdió aquella final en el desempate (1-1 en el primer partido y 1-0 en el segundo) pero a Burridge también se le escapó el que posiblemente hubiese podido ser su mayor momento de gloria en el fútbol. Eso sí, a modo de consuelo no se marchó de vacío del fútbol porque conquistó con el Aston Villa una Copa de la Liga y otra con el Aberdeen en Escocia.