La actual crisis del Golfo, desencadenada por la guerra entre Netanyahu e Irán, con la participación de Trump, está teniendo un impacto significativo en la economía española. Los efectos se están notando en forma de subida de precios de los carburantes y pérdida de poder adquisitivo de las familias. Si el conflicto se prolonga o empeora, el daño será mayor y el Gobierno podría tener que aprobar otro paquete de ayudas.
La economía española se encuentra en una buena situación para absorber los efectos negativos de esta crisis, pero no debemos minimizar los riesgos. Según la Agencia Internacional de la Energía, la crisis ha causado 'la mayor amenaza para la seguridad energética mundial', mientras que el Fondo Monetario Internacional señala que está provocando 'perturbaciones significativas' que pueden llevar a un frenazo mundial de la economía.
El impacto negativo de la crisis del Golfo se produce sobre una economía española que se caracteriza por un crecimiento sólido, pero con una desaceleración gradual debido al freno de los factores que la han impulsado, como los Fondos Next Generation, la inmigración y el consumo de las familias. Además, existe una preocupante fractura social basada en la precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el nivel elevado de pobreza estructural y el encarecimiento de la vivienda.
Las medidas aprobadas hasta ahora no han tenido en cuenta esta situación y no se han concentrado en los más perjudicados. No han incorporado refuerzos de renta como solicitaba el PP y era lógico. La actuación mediante bajadas compensatorias generalizadas de impuestos sobre unos precios que seguirán al alza no discriminan entre los hogares que llegan a fin de mes con muchas dificultades y aquellos que tienen margen para ahorrar.





