En la compleja estructura de poder de Irán, la Guardia Revolucionaria (Pasdarán) ha emergido como la fuerza dominante, eclipsando a otras instituciones y figuras políticas. La reciente guerra de 12 días entre Irán e Israel, en la que el programa nuclear de Teherán fue bombardeado, ha acelerado este proceso, revelando la influencia militar y política de los Pasdarán en la toma de decisiones del régimen.

La capacidad de Irán para mantener su influencia en la región y amenazar los intereses de Estados Unidos y sus aliados, a pesar de los ataques a sus infraestructuras militares y de seguridad, se debe en gran medida a la solidez de la Guardia Revolucionaria. Expertos en la materia advertían que las predicciones de un rápido colapso del Gobierno eran simplistas, dada la complejidad del entramado de poder en Irán.

La muerte de comandantes de la Guardia Revolucionaria en los ataques israelíes ha sido rápidamente compensada por la promoción de nuevos líderes, que han ocupado cargos previamente en manos de civiles. Esto ha fortalecido la posición de los Pasdarán dentro del régimen y ha preparado el terreno para una reconfiguración del poder que refleja las rivalidades internas del ala dura del régimen.

La elección de Mojtaba Jameneí como líder supremo, 10 días después de la muerte de su padre, Ali Jameneí, ha sido vista como un 'golpe de Estado' de los Pasdarán. El Círculo Habib, una red liderada por el clérigo y exjefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, Hossein Taeb, se ha convertido en uno de los núcleos centrales del poder en Irán.

Paralelamente, ha reaparecido la influencia del Círculo Mansourun, un grupo con antecedentes de lucha armada contra la monarquía del shah. Entre sus miembros destaca Mohsen Rezaei, excomandante de la Guardia Revolucionaria, nombrado asesor militar de Mojtaba Jameneí. Mohammad Bagher Zolghadr, también de alto rango en los Pasdarán, asumió la presidencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional tras la muerte de Ali Lariyaní, con el respaldo de Taeb.

Estos nombramientos han evidenciado la limitada autoridad del presidente, Masud Pezeshkián, cuya función se ha reducido a firmar órdenes escritas por otros. En este contexto, Hessamodin Ashna, exasesor de seguridad del expresidente Hasan Rohaní, cuestionó el alcance de las responsabilidades de Taeb, aunque sus comentarios fueron posteriormente eliminados.

La consolidación de un equipo de seguridad de línea dura, con Zolghadr al frente de Seguridad Nacional, podría intensificar la represión de actores políticos internos una vez concluya la guerra. En este escenario, Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y excomandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, desempeña un papel clave.

Tras la muerte de Ali Shamjaní, comandante militar y político influyente, Ghalibaf se ha convertido en un nodo central que conecta a las fuerzas militares, de seguridad y administrativas. Varios nuevos comandantes, como Ali Abdolahí y Seyed Mayid Mousaví, han reforzado su influencia dentro del aparato militar.

Sin embargo, figuras como Ahmad Vahidí, actual jefe de la Guardia Revolucionaria, sancionado por Estados Unidos y acusado por Argentina de ser autor intelectual de los atentados en Buenos Aires del AMIA en 1994, pueden cuestionar su dominio.

El control del país por los Pasdarán no se debe solo a la reciente escalada bélica. 'El régimen islámico lleva años preparado para esta guerra', asegura Mohamed Tabriz, experto en Ciencias Políticas y Derecho internacional. La estrategia de descentralización de las estructuras defensivas, económicas y políticas hunde sus raíces en experiencias previas, como la Operación Mantis Religiosa de 1988.

La presencia de la Guardia Revolucionaria en la economía iraní se incrementó notablemente tras la guerra entre Irán e Irak de los años ochenta, potenciado por la ausencia de un mercado competitivo real debido a las sanciones internacionales.

La presidencia del país ha visto disminuido su poder de forma progresiva, especialmente tras la represión de las protestas de 2009 y la llegada de Ebrahim Raisí al poder en 2019, apoyado por círculos próximos a la Guardia Revolucionaria y al líder supremo.

Luciano Zaccara, profesor visitante en la Universidad de Georgetown en Qatar, señala que 'la presidencia ejerce algún tipo de control de la gestión diaria del país', pero advierte que el control sobre 'los ministros encargados de seguridad e inteligencia' escapa a su autoridad. La estrategia militar en esta guerra no está siendo decidida por la cúpula política, sino por la militar, con escasa coordinación y sin aprobación del poder Ejecutivo.

María Jose Madrid Gómez
María Jose Madrid Gómez

Corresponsal Política

Periodista política con más de 15 años de experiencia cubriendo el Congreso de los Diputados.

¿Te ha gustado este artículo?

Suscríbete a nuestro boletín y recibe las mejores noticias en tu correo cada día.

Al suscribirte aceptas nuestra política de privacidad