La historia y la fe del cristianismo se cimentan en un lugar sagrado: el Santo Sepulcro en Jerusalén, donde Jesús fue sepultado tras su crucifixión y resucitó en la mañana de Pascua. El apóstol Pablo expresó con claridad la importancia de este sitio: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe". La Basílica del Santo Sepulcro, con sus oficinas ubicadas en un edificio adyacente, es la sede oficial del Patriarcado Latino de Jerusalén. Este centro administrativo y religioso de la Iglesia Católica en Tierra Santa ejerce su jurisdicción sobre las diócesis católicas latinas de Israel, los territorios palestinos, Jordania y Chipre. Además, coordina las actividades religiosas, culturales y sociales de la comunidad local y los peregrinos que visitan la región.

La Basílica del Santo Sepulcro no solo es un lugar sagrado para la Iglesia Católica, sino que también lo es para otras confesiones cristianas, como las Iglesias Ortodoxa Griega, Apostólica Armenia, Copta, Siríaca y Ortodoxa Etíope. Estas comunidades religiosas coexisten en un equilibrio dinámico, regulado por el Status Quo, un acuerdo establecido en el siglo XIX. Este acuerdo garantiza la gestión compartida del Santo Sepulcro, incluyendo turnos para las celebraciones religiosas y espacios para la gestión de las capillas de las distintas confesiones.

El Santo Sepulcro ha sido venerado por los cristianos desde los primeros siglos del cristianismo. En el siglo II, el emperador Adriano ordenó la construcción de un templo pagano sobre este lugar para impedir su culto. Sin embargo, en el siglo IV, Santa Elena, madre del emperador Constantino, redescubrió el lugar. La primera basílica se construyó alrededor del año 335. A lo largo de los siglos, la basílica ha sufrido diversas destrucciones, incluyendo la casi total demolición en 1009 ordenada por el califa Al-Hakim bi-Amr Allah, y reconstrucciones, como la realizada durante las Cruzadas. Estas intervenciones han contribuido a definir el aspecto actual de la iglesia.

Dentro de la basílica se encuentran reliquias preciosas, como la gran piedra de la Unción, donde, según la tradición, el cuerpo de Cristo fue depositado y preparado para el entierro en la Sábana Santa. Esta reliquia es identificada por la tradición católica con la Sábana Santa de Turín. Una escalera interior conduce al Gólgota, el lugar de la crucifixión, donde altares marcan los sitios donde Jesús fue clavado en la cruz y donde fue elevado. Estos sitios están indicados por un agujero en la roca visible bajo el altar.

En el centro de la basílica se encuentra el Edículo, un pequeño edificio que contiene la tumba de Cristo. Es el verdadero corazón del Santo Sepulcro. En su interior se halla la primera capilla, la del Ángel, y la cámara funeraria con la losa de piedra en el lugar donde fue depositado el cuerpo de Jesús. Más abajo se encuentra la capilla de la Invención de la Cruz, en el lugar donde Helena encontró la cruz de Cristo.

Durante las excavaciones en la zona donde ahora se alza la Basílica del Santo Sepulcro, se encontraron tres cruces. Se cree que pertenecieron a Jesús y a los dos ladrones crucificados con él. Según la tradición, para identificar la verdadera cruz de Cristo, Helena realizó una prueba milagrosa: colocó las tres cruces en contacto con una mujer enferma. Solo una de ellas produciría la curación, revelando así la "Verdadera Cruz".

Nines Díaz
Nines Díaz

Editor de Economía

Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.

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