En un movimiento estratégico, Pekín está recurriendo a periodistas e 'influencers' para mejorar su imagen global y presentarse como una alternativa viable a la hegemonía estadounidense. La iniciativa forma parte de una ofensiva de encanto global que busca mostrar a China como una superpotencia estable, moderna y pacífica.
La Asamblea Popular Nacional, el cónclave político anual de Pekín, fue el escenario elegido para presentar esta nueva estrategia. Un grupo de periodistas e 'influencers' del llamado Sur Global fueron invitados a asistir al evento, donde pudieron experimentar de primera mano la realidad china. Mussa, un periodista e 'influencer' nigeriano, fue uno de los invitados y describió a sus seguidores en redes sociales las maravillas del Gran Palacio del Pueblo, destacando la estética y no la política.
La narrativa de China: desarrollo y cooperación
Imagen de la Asamblea Popular Nacional en Pekín, donde se presentó la nueva estrategia de China para mejorar su imagen global. (Fuente: El Mundo Internacional)
Un miembro del personal corre las cortinas durante la sesión de clausura de la cuarta sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional (APN) en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, el pasado 12 de marzo.JESSICA LEEEfe
La narrativa de China se centra en su compromiso con el desarrollo y la cooperación. El país busca presentarse como un socio centrado en el desarrollo tecnológico, económico y social. La idea es que China es una potencia que se enfoca en construir y no en destruir. Esto se contrapone con la imagen de Estados Unidos como una potencia intervencionista que busca imponer su voluntad.
La estrategia de China también se basa en la explotación de las diferencias entre el modelo chino y el estadounidense. Mientras que Estados Unidos es visto como una potencia que busca imponer su voluntad, China se presenta como un socio que busca cooperar y desarrollar relaciones basadas en el beneficio mutuo. Esto ha permitido a China ganar simpatías a nivel internacional y presentarse como una alternativa viable a la hegemonía estadounidense.
El juego de percepciones en Oriente Próximo
En Oriente Próximo, China ha intentado proyectar una imagen de mediador neutral. Ante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, Pekín ha mantenido un equilibrio calculado, evitando alinearse de forma explícita con su aliado de Teherán. La prioridad de China es proteger sus rutas energéticas y demostrar que puede ser un interlocutor válido en la región.
La relación bilateral entre las dos superpotencias atraviesa una fase de tensión contenida. La visita de Donald Trump a Pekín, inicialmente prevista para finales de marzo, fue pospuesta por el estadounidense para permanecer en Washington y gestionar la guerra en Oriente Próximo. Los canales de diálogo siguen siendo frágiles, las disputas comerciales persisten, la desconfianza tecnológica se agrava y el pulso militar en torno a Taiwan sigue latente.
La competencia estructural
La competencia entre China y Estados Unidos es estructural y se está librando en varios frentes. Asia-Pacífico sigue siendo el epicentro de la rivalidad, pero el pulso se ha extendido al Caribe, al Sahel, al Golfo Pérsico y hasta el Ártico. La estrategia de Trump para reforzar la primacía estadounidense en el hemisferio occidental ha tenido un efecto colateral: permite a China presentarse como defensora del derecho internacional.
La interdependencia económica actúa, por ahora, como freno, pero no como solución. La relación entre Washington y Pekín se parece cada vez más a una partida de ajedrez en la que ambos jugadores exploran los límites de un posible reparto tácito de zonas de influencia. Los países intermedios tienen más margen para maniobrar en este nuevo escenario.
Conclusión
La estrategia de China para contrarrestar la influencia de EEUU se basa en la creación de una narrativa que la presenta como una superpotencia estable, moderna y pacífica. El uso de 'influencers' y periodistas es una parte clave de esta estrategia, que busca mostrar a China como una alternativa viable a la hegemonía estadounidense. La competencia estructural entre China y Estados Unidos seguirá siendo un tema clave en la política global en los próximos años.