La semana pasada, el panorama judicial para las redes sociales se vio sacudido por dos importantes sentencias en Estados Unidos. Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, sufrió un revés significativo en un tribunal de Nuevo México, donde un jurado la declaró culpable de engañar a los consumidores sobre la seguridad de sus plataformas y de poner en riesgo a menores de edad. La prioridad otorgada a los ingresos sobre la integridad de los niños fue un factor clave en esta decisión.
Horas después, Meta y YouTube (de Google) enfrentaron otro golpe en Los Ángeles, donde un jurado las declaró culpables de generar adicción entre menores y de utilizar el diseño de sus plataformas para causar dependencia. Estos fallos judiciales marcan un punto de inflexión en la lucha por responsabilizar a las redes sociales de sus efectos en la salud física y mental de los niños.
Durante años, la industria de las redes sociales ha sido objeto de críticas por su impacto en la salud mental de los usuarios, especialmente de los menores de edad. Sin embargo, hasta ahora, las demandas y críticas han sido en gran medida ignoradas o desestimadas. La exempleada de Facebook Frances Haugen cambió esta dinámica en 2021 al compartir cientos de documentos internos con The Wall Street Journal, revelando que los ejecutivos de la empresa eran conscientes de los efectos nocivos de sus algoritmos en los adolescentes.
Los documentos filtrados mostraban que los algoritmos de Facebook e Instagram difundían contenidos que promovían la anorexia y alentaban pensamientos suicidas entre los adolescentes, especialmente entre las chicas. También se supo que la empresa tenía informes internos que indicaban que el 6% de los adolescentes estadounidenses y el 13% de los británicos que habían considerado suicidarse habían sido influenciados por Instagram.




